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Cortes y feudos en México

Cortes y feudos en México

Columnas jueves 25 de marzo de 2021 - 01:53

Por Israel González

En ciertos círculos, y sobre todo tratándose del centro del país, la política a nivel municipal está subestimada. Los actores (y el electorado) se quedaron con la imagen de la omnipresencia presidencial, pero sobre todo priista, que volvía las presidencias municipales una especie de premios de consolación para los que no habían alcanzado a ser gobernadores o legisladores. Todo lo anterior, sin embargo, era solo una imagen. Ni el presidente lo ha decidido todo nunca, ni los jefes locales han sido marionetas de un poder central, jamás.

En México, como en todo país pobre, pero enorme y donde la ley no es más que otro argumento político, la política no es cortesana, sino feudal. Eso quiere decir que las personas que están más cercanas al jefe (presidente, gobernador) basan su influencia en el grado de favor del que gocen en un momento determinado, pero es un favor que se pierde fácilmente, máxime cuando el líder en cuestión es voluble, como suelen ser los políticos.

En esta calidad están los secretarios de Estado, los líderes parlamentarios del mismo partido que el presidente o gobernador, y los miembros del gabinete informal, que siempre existe, y cuyos puestos no importan porque su poder, insisto, deriva de que el jefe los jala a todos lados y les pide cualquier cosa (un sexenio puede ser el director del Fondo de Cultura Económica, y otro un titular de unidad de la Comisión Federal de Electricidad).
Los políticos cortesanos tienen, además, una dificultad adicional para crear fuerza y base política propia, pues siempre hablan y actúan en nombre del líder, y en ese sentido son solamente interlocutores que cualquier día dejan de serlo. Manuel Bartlett, en el ápice de su poder como secretario de Gobernación, en la década de los ochenta, dijo que su poder dependía de un teléfono y los gobernadores, porque el día que le dejaran de contestar el teléfono los mandatarios estatales, ese sería su último día en el cargo.

Me refiero a que la política es feudal en tanto que, obviamente, un feudo requiere del visto bueno del rey (o su equivalente, representante del poder central o nacional), pero una vez infeudado un territorio (o una materia), el señor goza de un grado de autonomía, capacidad para construir fuerza propia y discrecionalidad, que no ocurre en el otro caso. En este caso están los gobernadores y los alcaldes, y no hoy, sino desde siempre en la historia política de México. Una vez que dejamos de ser un régimen de partido hegemónico, esto simplemente queda en evidencia, porque algunos gobernantes locales ya no guardan ni las formas. El último desplante de este tipo es el de los gobernadores aliancistas críticos del presidente López Obrador.

Pero el poder autónomo (que no es de suyo, ni bueno ni malo) es reconocido por el presidente, que tiene bastante experiencia y oficio, y por eso ha sido sumamente cuidadoso en su trato con los gobernadores. Sabe que los grandes problemas políticos siempre empiezan localmente, y es su escalada, y no su naturaleza jurídica, la que los convierte en problema de la presidencia de la República.

De la misma forma, a escala y con matices, ocurre con los presidentes municipales y alcaldes. Hay algunos municipios que por su importancia tienen más dinero, recursos o importancia estratégica electoral que estados completos. Pensemos en Zapopan, Tlanepantla o San Pedro Garza. Eso explica también las enormes fortunas que han amasado algunos presidentes municipales reciclables, calladamente y fuera del ojo de los medios nacionales.
La consecuencia práctica de esto es que las candidaturas y los triunfos electorales a nivel municipal son cruciales para la gobernabilidad y la coordinación del gobierno y la ejecución del presupuesto a todos los niveles, si se quiere que la acción pública tenga verdadero impacto. Cuando el presidente y el gobernador, o este último y un edil están peleados, normalmente el capital político se gastará en tratar de neutralizarse el uno al otro, con pobres resultados en la solución de problemas sociales.

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/CR

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