facebook
Criar a los hijos para que no nos necesiten

Criar a los hijos para que no nos necesiten

Columnas lunes 22 de junio de 2026 -





Hay una idea que pocas veces se dice en voz alta: el padre de familia es el único miembro de ésta, que no está destinado a recibir amor incondicional. Solo a darlo. A diferencia de la madre, la esposa o los hijos, que sí pueden ser destinatarios de este tipo de amor.

Los hijos aman a sus padres, sí, pero tarde o temprano —y así debe ser— redirigen ese amor completo, incondicional e irrenunciable, a sus propios hijos. El diseño natural de la familia no es circular. Es una cadena que siempre avanza.

El Día del Padre pasó ayer. Pero hay una pregunta que rara vez se hace en esas celebraciones: ¿para qué criamos a nuestros hijos?

Intuyo una respuesta que aprendí mirando a mi madre. Ella organizó cada uno de sus días alrededor de sus hijos. Fue una madre entregada, amorosa, incansable. Y cuando crecimos —cuando cumplimos exactamente lo que se supone que debíamos hacer— descubrió que no sabía quién era ella fuera de ese rol. Sus hijos ya no la necesitaban de la misma manera. Y ese éxito, el más grande de su vida, se sintió como un vacío. Lo que mi madre nunca comprendió es que los hijos, cuando crecen bien, deben alejarse de la única manera sana: poniéndose en su lugar justo, para dedicarse a su propia familia.

Los vínculos paterno-filiales son asimétricos por diseño. El objetivo explícito de la crianza es volverse prescindible. Un buen padre trabaja, desde el primer día, para que el hijo no lo necesite de la misma manera en que lo necesitaba a los cinco años. Eso no es abandono. Es el éxito del vínculo.

Rudyard Kipling lo entendió hace más de un siglo. En su poema más famoso —conocido en español como "El cheque por cien mil afanes"— un padre le habla a su hijo, y al final advierte: un día llegará alguien a cobrar todo lo sembrado. Ese alguien no será el propio padre, sino el hijo de su hijo. El amor paterno no está hecho para regresar: se hereda, se transmite, se paga hacia adelante.

Como padre, siempre dije que me gustaría que cuando mis hijos crezcan —y deben crecer, eso es salud— yo pueda tener algo verdaderamente propio, para no depender jamás de ellos. Ese algo propio no será egoísmo. Será el suelo firme desde el cual seguir amándolos sin hundirme.

Flor de Loto: El árbol no se aflige cuando el fruto cae. Lo soltó maduro, en el momento justo, después de haberle dado todo. Y sigue en pie, enraizado, floreciendo. Eso es lo que significa criar bien: dar todo, soltar con gracia, y seguir siendo alguien cuando el fruto ya no está en la rama.


No te pierdas la noticias más relevantes en spotify

Envíe un mensaje al numero 55 1140 9052 por WhatsApp con la palabra SUSCRIBIR para recibir las noticias más importantes.

/CR

Etiquetas


Notas Relacionadas
El pato Merlín y el mundial callejero Columnas
2026-06-22 - 01:00
El PAN avala montajes Columnas
2026-06-22 - 01:00
NO METE GOL LA PRESIDENTE Columnas
2026-06-22 - 01:00
El mundial y sus ¿beneficios? Columnas
2026-06-22 - 01:00
EL MUSEO-BIBLIOTECA OBAMA. Columnas
2026-06-22 - 01:00
El mundial y el dilema de asistir o no Columnas
2026-06-22 - 01:00
Semana crucial de registros. Columnas
2026-06-22 - 01:00
TIRADITOS Columnas
2026-06-19 - 01:00
LÍNEA 13 . Columnas
2026-06-19 - 01:00
Las consignas de CNTE Columnas
2026-06-19 - 01:00
LOS DICHOS DE TRUMP Columnas
2026-06-19 - 01:00
Romper paradigmas, construir esperanza Columnas
2026-06-19 - 01:00
Celebrando entre basura Columnas
2026-06-19 - 01:00
re
+ -