No se vayan con la finta de algunas calles del Centro Histórico, de las colonias Condesa y Roma o de algunos tramos del Paseo de la Reforma, desde hace años, la alcaldía Cuauhtémoc, la capital de la capital, enfrenta un proceso de deterioro en su vida económica, cultural y social, producto de la mediocridad, corrupción y negligencia de quienes la han gobernado.
En 1997, los habitantes de la capital eligieron a Cuauhtémoc Cárdenas como primer Jefe de Gobierno. Designó a Jorge Legorreta como delegado en la Cuauhtémoc. La utopía cardenista duró dos años. Cárdenas dejó la jefatura de gobierno, para buscar por tercera ocasión la presidencia de la República, lo suplió Rosario Robles con la historia de sobra conocida.
Las corrientes del PRD se repartieron la CDMX. La Cuauhtémoc correspondió a René Bejarano. La controló por quince años. Dolores Padierna, 2000 a 2003; Virginia Jaramillo, 2003 a 2006; José Luis Muñoz Soria, 2006-2009; Agustín Torrez Pérez, 2009-2012, y Alejandro Fernández, 2012-2015.
En 2015, Morena le ganó al PRD. Ricardo Monreal inició bien, pero pronto enseñó el cobre, por ejemplo, empresas zacatecanas fueron contratadas para reparar calles y banquetas. ¿Qué raro verdad? En Cuauhtémoc, Monreal será recordado por el video en donde intentó detener la filmación de la película Roma. Así fue su administración.
En 2018, Néstor Núñez, hombre muy cercano a Monreal, lo sucedió en la alcaldía. Su gestión fue gris, ni por un momento Morena pensó en su reelección, la candidatura se la entregaron a Dolores Padierna.
En junio del año pasado, la oposición ganó 9 de las 16 alcandías, entre éstas, Cuauhtémoc. Morena no sólo perdió por el voto de castigo de la clase media. El partido del Presidente no existe, ni en Cuauhtémoc, ni en el resto de la ciudad. Morena tiene simpatizantes y votantes, pero no militantes reales, no hay vida partidaria. Se alejaron de la ciudadanía y ésta se la cobró en las urnas.
En poco tiempo, Sandra Cuevas, de la alianza PAN-PRI-PRD, demostró que, no importan los colores partidarios, su nombre será uno más en la lista de malos gobernantes que hemos padecido en esta alcaldía. Su toma de posesión estuvo marcada por la frivolidad, lo mismo sus primeras acciones de gobierno. El lanzamiento de balones con dinero es el sello de la casa.
Los gobiernos de las alcaldías son la primera línea de atención a la ciudadanía. Hay mucho que hacer, pero con excepción de Jorge Legorreta, que en paz descanse, el resto de delegados y ahora, alcaldes sólo la han visto como botín o trampolín político.
En la Cuauhtémoc, la ciudadanía, los que vivimos, trabajamos o visitamos, somos los únicos preocupados por detener su deterioro. Esa es la triste realidad.
La política es de bronce.