Por años, el trabajo de cuidados fue tratado como una obligación invisible: una carga silenciosa depositada casi siempre sobre las mujeres, asumida por las familias y normalizada por el Estado. La Ciudad de México acaba de dar un paso histórico para comenzar a corregir esa omisión.
La aprobación de la Ley del Sistema de Cuidados representa mucho más que una nueva legislación social. Es el reconocimiento jurídico de una verdad elemental: sin cuidados no existe economía, productividad ni posibilidad real de igualdad.
La nueva ley reconoce el cuidado como un derecho y plantea la construcción de un sistema público orientado a atender a personas mayores, personas con discapacidad, infancia y población en situación de dependencia, así como a quienes dedican su vida a cuidar. También contempla centros de cuidado, coordinación institucional y profesionalización de personas cuidadoras.
Detrás de este avance existe un dato político que no debe minimizarse: durante años, la creación de una verdadera Ley de Cuidados permaneció como uno de los grandes pendientes legislativos de la capital. Fue Movimiento Ciudadano quien insistió públicamente en destrabar ese rezago y convertirlo en prioridad parlamentaria.
Movimiento Ciudadano entendió algo que otros apenas comienzan a comprender: las políticas de cuidados no son programas asistenciales; son infraestructura social para la libertad.
Porque una mujer que dedica jornadas completas al cuidado no remunerado difícilmente puede incorporarse plenamente al mercado laboral, terminar sus estudios o desarrollar un proyecto de vida propio. Hablar de cuidados es hablar de desigualdad económica, movilidad social y autonomía personal.
Por eso resulta relevante que varias propuestas impulsadas por MC terminaran influyendo en la discusión pública: ampliar la visión tradicional de las “3R” —reconocer, redistribuir y reducir— hacia un enfoque que también incorpore representar y recompensar el trabajo de cuidados; además de insistir en salud mental para personas cuidadoras, mecanismos de relevo temporal y una expansión territorial que priorice zonas periféricas históricamente abandonadas.
La política útil no siempre produce escándalos ni polarización. A veces produce leyes que cambian silenciosamente la vida cotidiana de millones de personas.
México arrastra una deuda estructural con quienes cuidan. Durante décadas, el Estado descansó en el trabajo no remunerado de madres, abuelas, hijas y cuidadoras invisibles que sostuvieron hogares enteros sin reconocimiento económico, jurídico ni institucional.
Falta mucho. Toda ley depende de presupuesto, implementación y voluntad administrativa para convertirse en realidad. Pero negar la importancia de este paso sería mezquino.
La discusión de fondo ya cambió: cuidar dejó de ser un asunto privado para convertirse en una responsabilidad pública. Y en esa transformación, Movimiento Ciudadano supo empujar una agenda moderna, progresista y profundamente humana.