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De falacias y policía

De falacias y policía

Columnas lunes 08 de junio de 2020 - 01:37

En solidaridad con los mandos policiales comprometidos, los miles de buenos policías de México y sus familias.

Vandalismo en EU por la muerte de George Floyd a manos de policías de Minnesota; en Guadalajara por Giovanny López bajo resguardo de municipales de Ixtlahuacán y en CDMX por ambos casos, son ingrediente propicio para el desencuentro entre la sociedad y una institución clave del Estado democrático.

En tiempos de irracionalidad en redes sociales y posverdad, los mensajes desde plataformas y medios de comunicación alcanzan miles de impactos en segundos y millones en minutos. Sobreinformación traducida en argumentos incorrectos, defectuosos y engañosos, es decir, falacias. El discurso de crisis entre policías y sociedad no es la excepción. Por ello considero necesarias las siguientes reflexiones:

Es falaz señalar que La Policía (en mayúsculas) reprenda y asesine. Su tarea es prevenir, investigar, perseguir delitos y presentar infractores ante esa instancia en extinción llamada justicia cívica. Le corresponde resguardar el patrimonio de las personas y restituir el orden ante conductas antisociales. En esta última función, los escenarios son de tal complejidad que solo se entienden tras un escudo recibiendo raudales de piedras, palos, cuetones, bombas molotov, corrosivos y proyectiles por horas, bajo lluvia o sol, resistiendo además denostación a su calidad de personas. En dichas tareas, para quienes gusten analizar estadísticas, hay un histórico saldo a favor de la ciudadanía y el ejercicio de sus derechos básicos, como el del libre tránsito.

Que uniformados abusen de detenidos —sean infractores o delincuentes organizados— justifica indignación y repudio, especialmente si las circunstancias, en un contexto completo y no por imágenes aisladas, demuestran que es innecesario el uso de la fuerza. Ellos deben juzgarse en tribunales, no en redes sociales; merecen, previa sentencia judicial, ser defenestrados del servicio público. Empero, es importante señalar que actúan individualmente, no como institución.

Académicos y analistas han propuesto por años mejores prácticas para la actuación policial. Desde protocolos, supervisión externa, capacitación y formación continua, hasta reformas integrales que modifiquen la figura individual e institucional. Esfuerzos loables que deben considerarse. Hay también “expertos” que lucran con la causa policial y alimentan su narcisimo con hipócritas muestras de interés hacia ella; sin embargo, hay un vacío en la defensa a la institución policial en momentos críticos, como los de días recientes.

Utilizar a la policía como eje de ataque entre fuerzas políticas nunca dejará saldo a favor de la sociedad. Sería también falaz clamar por “no politizar la función policial” pues, como ente estatal, es institución política, pero sí es oportuno llamar a no abandonar, aquí sí, por “conveniencia política”, a quienes brindan su vida a la dura tarea de proteger y servir.

La protesta ideal ante abusos policiales sería seguir puntualmente la aplicación de las consecuencias jurídicas de sus actos.

Prender fuego a un uniformado, denostar buenos mandos o incendiar con falacias a la institución policial, es un despropósito cuyas consecuencias todos pagaremos.

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/CR

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