En las elecciones del próximo 4 de junio en el Estado de México la oposición ha dejado de ser competitiva. La intención del voto pareciera alejarlos de la puntera lo suficiente como para que no haya una segunda fuerza electoral en la entidad, sino que simplemente sean catalogados los opositores como “los demás”.
Conscientes de que esto puede suceder, el PRI inició la embestida de sabotear los actos de la candidata, mostrando que no les interesa ganar, lo que en realidad les importa es que Morena pierda, o, por lo menos no gane con tanta ventaja para que pueda dejarles la esperanza de volver a reconstruirse.
Así, el primer acto de campaña de Morena tuvo la visita violenta de la Unidad Revolucionaria del Comité Directico Estatal del PRI, que encabeza Juan Pedro García Martínez, presidente y operador político de Enrique Vargas, y Froylan Santana Gil, secretario general, que cuenta con 500 afiliados en todo el Edomex. Ante la agresión física contra los simpatizantes de Morena, denunciaron a el PRI y el PAN.
Si agregamos que el líder nacional del PAN, Marko Cortés, no asistió a la toma de posesión de Alejandra del Moral, --como una muestra de su inconformidad por ser ella y no Enrique del Villar el candidato de la oposición, a quien él ya había señalado y ungido como el bueno y el mejor, se hace evidente el hecho de que saben que perderán, pero intentan que la diferencia no sea tan grande o, por lo menos, les permitan conservar el registro.
La candidata de la alianza opositora se deslinda de la historia del PRI, de la que forma parte indiscutiblemente, al decir “no puedo pagar facturas o platos que no rompí”, cuando se le considera la instrumentadora del fraude electoral contra Delfina Gómez hace seis años, donde se le dio la gubernatura al priista Alfredo del Mazo.
En esos momentos ella utilizó la estructura de los programas sociales para comprar votos, y con el padrón de los beneficiarios, sumar votos a su partido desde la Secretaría de Desarrollo Social, aunque hubieran votado por el tricolor.
A juzgar por la falta de líderes, de militantes, de candidatos puede que este mismo esquema se repita en 2024, desgastar hasta donde sea posible, sin importar si esto implica caer en la ilegalidad o en la tragedia, porque cada vez la oposición es más radical en el discurso y más ruda en las acciones y se ve que no tiene límites.
Lo importante no es ganar sino competir, lo malo es que compiten innecesariamente con el dinero de una población que en la entidad a veces no tiene ni para pagar las altas tarifas del pasaje.