Por Armando Hernández
La Ley General del Sistema Nacional Anticorrupción (LGSNA) establece un diseño institucional complejo para una serie de instancias destinadas al desarrollo de políticas públicas y acciones en materia de combate a la corrupción.
Dicha legislación fue expedida en el año 2016, es decir, es relativamente reciente (apenas 5 años) y todavía encuentra grandes áreas de oportunidad en su diseño y funcionamiento.
Es bien sabido que el actual régimen de gobierno, autodenominado "cuarta transformación" (4T) ha considerado precisamente como una de sus principales banderas el combate a la corrupción.
El "motor" del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) diseñado en la referida ley, es el Comité de Participación Ciudadana. (CPC) Un órgano integrado por 5 ciudadanos (hombres y mujeres) designados por una Comisión de Selección (CS) a su vez nombrada por el Senado de la República, la cual se compone de 9 miembros representantes de las organizaciones sociales y académicas.
Cada uno de los integrantes del CPC en su momento, y de manera rotativa, presiden dicha instancia. Al mismo tiempo, la ley prevé que el representante del CPC también presidirá el Comité Coordinador del Sistema Nacional Anticorrupción, instancia superior del sistema, en la que se reúnen además los titulares del INAI, Secretaría de la Función Pública, Auditoría Superior de la Federación, Tribunal Federal de Justicia Administrativa, la Fiscalía Anticorrupción, y un representante del Consejo de la Judicatura Federal.
Hasta el 28 de septiembre pasado, el CPC contaba únicamente con un integrante: Jorge Alberto Alatorre. En esa fecha, la Comisión de Selección, instancia en la que tengo el honor de ser integrante, realizó la designación de dos hombres y dos mujeres, con periodos escalonados, para integrar finalmente la totalidad de los espacios que conforman el CPC.
Las personas designadas fueron Vania Pérez Morales, Magdalena Verónica Rodríguez Castillo, Francisco Raúl Álvarez Córdoba y Francisco Ciscomani Freaner, a quienes les deseamos el mayor éxito en el desempeño de su encargo.
Tienen frente a sí grandes retos. El principal de ellos, dar vida al SNA.
Las sucesivas renuncias y vacantes de los anteriores miembros del CPC en el corto plazo en el que ha venido funcionando este Comité, no han permido el avance suficiente para medir su eficacia y resultados en los términos en los que fue diseñado.
Pero también, será necesario reevaluar las herramientas con que cuenta, proponer las mejoras necesarias para mejorar su funcionamiento y obtener resultados más contundentes, así como aprender de los errores y omisiones de estos años, para evitar su repetición.
Flor de Loto: Cualquier estrategia, mecanismo, o acción tendiente al combate a la corrupción, sin duda es necesaria y bienvenida. La articulación del SNA con los sistemas anticorrupción de las entidades federativas, permitirá alcanzar un mayor impacto y mejores resultados en forma conjunta.