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Disturbios y violencia racial

Disturbios y violencia racial

Columnas martes 02 de junio de 2020 - 00:45

Los disturbios en Estados Unidos, detonados a raíz del homicidio de George Floyd, son uno más en la complicada historia de violencia y segregación racial de ese país. En 1968 (que también era año electoral) se presentaron manifestaciones en una escala tan grave como la de este fin de semana, tanto en intensidad como en extensión. En ese entonces, fue el homicidio del legendario activista por los derechos de los afroamericanos, Martin Luther King Jr., lo que encendió la mecha. Todo el mundo se enteró del contexto de la muerte de Gorge Floyd, de las protestas en diversas ciudades de Estados Unidos, y de la respuesta de la autoridad (empezando por Donald Trump) en cuestión de minutos. Pero eso no quiere decir que para todas las personas los sucesos signifiquen lo mismo, ni que provoquen las mismas conductas.
Un momento crucial en el desarrollo de los impactantes eventos del fin de semana, ocurrió el viernes, cuando ante la creciente zozobra por los tumultos en Washington D.C., el presidente Trump fue resguardado en un bunker del inmueble, por miembros del servicio secreto. Desde ahí, amenazó por twitter a los manifestantes para que no se les ocurriera cruzar el cerco de seguridad de la Casa Blanca, advirtiendo que los recibiría con “armas de un poder inimaginable”. Antes y después de este incidente, su tono ha sido el del manual del populista de derecha: culpar sin pruebas a grupos de extrema izquierda cuya existencia misma no es clara, desconocer por completo la legitimidad de las protestas y encuadrarlas en una lógica maniquea. “Los buenos” deben actuar con mucha fuerza “contra los malos”. Es decir, sigue con la lógica del enemigo interno, omnipresente, malvado, en contraposición a él mismo, como autoridad legal infalible. Específicamente, doblar la apuesta por la polarización y el racismo es una estrategia que utilizó con éxito Richard Nixon cuando competía por la presidencia, precisamente en 1968. Al alentar la paranoia divisionista de buena parte de la población blanca estadounidense, y ligar la violencia con la supuesta tolerancia de los demócratas al crimen, una buena parte del electorado votó por la “mano dura”.

El problema de esto es que Estados Unidos tiene un mapa electoral y un perfil de votante muy distinto en 2020 que en 1968, con mucha mayor representación minoritaria en las distintas esferas de la vida pública. Muchos de los votantes de Trump en 2016 fueron, además, afroamericanos y latinos que se creyeron su promesa económica y anti inmigrante. Los manifestantes de hoy son ciudadanos norteamericanos a los que Trump está llamando delincuentes y terroristas. Por si fuera poco, las autoridades chinas y la propia alcaldesa afroamericana de Washington le espetaron en la cara que se escondió detrás del servicio secreto en un momento álgido, por miedo. El presidente tiene 6 meses para cambiar esa imagen y resolver alguno de los problemas graves que enfrenta EU: sanitario, económico y social. No parece factible.

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/CR

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