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Dos veces tú

Dos veces tú

Columnas jueves 20 de febrero de 2020 - 01:52

No son pocos los comentarios que he leído en YouTube o en páginas especializadas diciendo la siguiente frase: “Bueno por lo menos no es un comedia romántica” haciendo referencia al filme del que hablaremos. No sé en qué momento como público en general comenzamos a aceptar un filme nacional como medianamente aceptable tan solo por el hecho de no ser una comedia romántica. El problema no es el género, es todo lo que está detrás: malos actores, guiones, directores, etc. ¿El ejemplo perfecto? Dos veces tú de Salomon Askenazi.
La primicia de este filme es más bien sencilla aunque su director nos la quiera vender como profunda. Las primas Daniela y Tania, deciden intercambiar roles cambiándose los anillos de matrimonio y jugar a ser la esposa del contrario durante una fiesta de boda, al salir de la fiesta las parejas deciden jugar arrancones provocando un accidente y la muerte de una de las parejas mezcladas.
Lo que veremos en pantalla será hora y media de drama con tintes de scifi (ciencia ficción por sus siglas en inglés) porque en algún momento de la trama se contara esta misma historia pero desde el punto de vista de la pareja que había resultado muerta en un primer momento, aunque avanzada la trama nos deja ver que las dos realidades se están llevando a cabo al mismo tiempo.
Salomon Azkenazi es miembro de la élite judía de la ciudad de México y resulta extraño que no conozca mínimamente su religión. El cuarteto de personajes son de ascendencia judía y a uno de ellos lo van a cremar – extraña decisión para una familia judía- y el duelo de los que sobreviven es por demás flojo. Si no están tratando de acostarse entre ellos, están ligando rápidamente nuevas parejas. La religión judía es muy clara con los pasos a seguir en el duelo.
Azkenazi como buen niño rico considera que los demás que nos son ricos, ni miembros de alguna élite deben pagar los platos rotos. En la segunda línea argumental es un mago callejero que en su destartalada camioneta “provoca” el choque. No diré mucho, pero es lamentable la forma en la que esta subtrama se lleva acabo: un mago callejero con página de internet –con dominio y todo- que un día trabaja en Polanco y otro día en un descampado con apenas cinco señores de público, es culpable porque así lo decide el guion y no porque esta parejita estuviera jugando arrancones.
Soporífera, pretenciosa, ilógica y con escenas innecesarias como aquella en donde las primas hermanas se terminan haciendo el amor apasionadamente que no venía a cuento. Dos veces tú es la muestra perfecta de que el cine nacional adolece de muchas cosas, pero que está sobrado de cineastas prefabricados a costa del dinero y no por el amor al cine.




















































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/CR

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