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EL AMOR EN TIEMPOS DE DEPORTACIONES Y ELECCIONES EN EL MURO DE TRUMP

EL AMOR EN TIEMPOS DE DEPORTACIONES Y ELECCIONES EN EL MURO DE TRUMP

Nación viernes 30 de octubre de 2020 - 00:46

Luis Carlos Rodríguez González

El llamado Big Beautiful Wall por el presidente Donald Trump pasó de ser un sitio repleto de cruces multicolores que recuerdan a los migrantes fallecidos en su intento por cruzar a Estados Unidos al escenario de una inusual boda de activistas mexicanos deportados.

Ahí donde empieza la patria, como dicen los tijuanenses, en Playas de Tijuana, bañados por el mar que comparte esta ciudad con San Diego, con el oxidado muro fronterizo de fondo, como recordatorio de las miles de familias divididas por la deportación, por la militarización de la frontera lo mismo por los Clinton, los Obama o los Trump, se realizó la unión de dos activistas y migrantes.

Ella, Yolanda Varona, oriunda de Taxco, Guerrero, madre deportada hace una década, quien tuvo que dejar a sus hijos en California y quien bautizó a Tijuana como la Ciudad más Triste del Mundo, por el impacto y la tragedia que enfrentan cada año miles de migrantes deportados que llegan a una ciudad que no conocen, donde no tienen trabajo, ni apoyos del gobierno y en donde el muro fronterizo les recuerda a cada momento que del otro lado quedaron sus sueños, su vida, su familia.
Fundadora de la organización “Dreamers Moms”que atiende, apoya y asesora legalmente a mujeres, a madres con ella, que han sido deportadas de Estados Unidos y que ha logrado que muchas ganen sus juicios y puedan regresar al vecino país, a reencontrarse con sus hijos.
Con impecable vestido blanco y cubre bocas, acompañada de una veintena de invitados, Yolanda dijo a ContraRéplica que “este muro, esta barrera de metal, no va a borrar el amor de los migrantes, de los deportados, que quedaron de este lado de la frontera”.
Su ahora esposo, el zacatecano Héctor Barajas, veterano de guerra, con una casaca militar, quien fue deportado hace 8 años y quien en 2018, después de una larga lucha legal, logró vencer al sistema y obtener la ciudadanía estadunidense. Desde hace varios años, también dirige la Casa del Veterano en Tijuana.
Se besaron frente al muro, se agarraron de la estructura de metal donde se encuentran grabados los nombres de miles de migrantes fallecidos en esta frontera. De historias de deportaciones, de familias divididas que sólo se pueden ver o tocar a través de los barrotes que separan los dos países.
Es el amor en los tiempos de las deportaciones y de las elecciones. Tan sólo en los primeros sietes meses de este 2020 se han deportado de Estados Unidos, en plena pandemia, 103 mil mexicanos.

Ellos se enamoraron hace cuatro años en pleno activismo a favor de los deportados. Son la prueba de que más allá de los discursos de odio, de las falsas promesas de campaña, de los calificativos demagógicos de héroes vivientes, hay esperanza en ambos lados del muro de Trump, de Obama, de Clinton y de los que vengan.


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JG/CR

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