La educación en México no había cambios sustanciales desde hace más de un siglo. Ahora que se trata de actualizar el método y los contenidos, quienes se quedaron estancados en el pasado protestan porque refleja la ignorancia inducida para ocultar sus negocios amparados en la impunidad que les brindaba el gobierno.
Aseguran que los contenidos de los libros de texto aborrecen la ciencia, cuando el panista Juan Carlos Romero Hicks, cuando estuvo al frente del Conacyt, con Calderón, subsidió con investigaciones millonarias a la iniciativa privada, empresas de Claudio X. Laporte.
Aseguran que la cultura es enemiga de la actual administración cuando los panistas carecen de la mínima preparación intelectual, desconocen el hábito de la lectura y su educación parcial no les alcanza para darse cuenta que la educación y la cultura deben transformarse, o, por lo menos actualizarse.
Nadie se imagina a Ricardo Salinas o a Marko Cortés leyendo un libro y si lo hacen ya imaginamos qué libros y qué autores son. Recordemos que el panista Carlos Abascal, exsecretario de Gobernación, protestó porque le recomendaron leer a una de sus hijas Aura, de Carlos Fuentes.
Una prueba de que la educación en las universidades privadas tiene la intención de mantener las cosas como están, y se inculca el temor a los cambios en sus futuros egresados es la actitud de Agustín Carstens, quien donó el momento del premio que recibió de la monarquía española a su ala mater, el ITAM, como si le hiciera falta el dinero a la universidad i a sus alumnos.
La donación es un factor que intenta resguardar la vieja educación, confirmando que la enseñanza privada tiene el objetivo de que nada cambie, y la pública que todo debe transformarse.
El exgobernador del Banxico recibió el Premio de Economía Rey de España, por su relevancia e influencia en la política económica de Iberoamérica, uno de los paladines del neoliberalismo más arcaico y quien, de acuerdo con la nobleza española es uno de los responsables de la política económica más influyente en Iberoamérica en las últimas tres décadas, es decir en el tiempo del neoliberalismo
Esa es la educación que añoran los conservadores. Otro ejemplo de esto es la protesta de Mario Ángel Flores Ramos, director del Observatorio de la Conferencia del Episcopado Mexicano, quien señaló que en la elaboración de libros de texto no se consultó a la sociedad.
Lo cual nunca ha sucedido, pero como ahora les dañó el contenido y los desenmascara, es evidente que el clero hubiera querido influir en su elaboración.
Imposible pensar que la educación pudiera esta r basada en dogmas de fe, donde se asienta no sólo su creencia religiosa, sino su conducta y vida misma. Es decir, en el vacío total, donde nada es concreto ni real.