Cualquiera pensaría que ante la ola de comentarios sobre la pandemia, las vacunas y las nuevas cepas, el PAN cuenta con un laboratorio especializado en epidemiología, integrado por especialistas del más alto nivel. Pero no es así.
Los panistas que hablan de esos temas son contadores, ingenieros, abogados, y hasta un cuate que a duras penas terminó la preparatoria como es el caso de Julen Rementería. Entonces cómo creerles.
Basados en ningún conocimiento propio o serio, se oponen a todo y así como rechazaron las clases a distancia se oponen a que los niños asistan. La historia está plagada de muestras de conservadores contra la educación pública en particular y contra la instrucción de la población en general. Hitler y Pinochet quemaron libros que no sabían ni de qué trataban.
Si de algo están alejados los panistas es del conocimiento de la historia, de la instrucción académica, prefieren copiar escenas, fotos y montajes de derechas de otros países como es el caso de Lía Limón García, su padre fue secretario de Educación con Zedillo, ella se maquilló con sangre el rostro para culpar a los policías de represión y desgastar a Claudia Sheinbaum. Pero de historia; nada de educación, menos.
Mientras Ricardo Anaya asegura que las medidas contra el contagio de las escuelas públicas son “chafas” el líder nacional de su partido, Marko Cortés, lleva a sus dos hijos a la escuela privada. Esto tiene muchas interpretaciones.
La pandemia fue el insumo favorito de la oposición, en especial del PAN. Si la pandemia no hubiera existido, valdría la pena pensar en cuáles hubieran sido los hechos, las declaraciones o los discursos que los panistas tuvieran contra la actual administración pública. No son expertos, son aprendices de todo incluso de actividades histriónicas, cuya novatez mostraron cuando dicen que fueron atacados por granaderos, si éstos no golpean ni a las feministas no lo van a hacer con representantes electos. Es absurdo.
Pero es la improvisación la nueva característica de la derecha en México y, por lo menos en América Latina, que, ante la falta de argumentos de los contrarios, tiene que crear un montaje tras otro para ver qué iluso les cree. Para la difusión de sus puestas en escena están los medios tradicionales siempre atentos al acontecer de la oposición sea real o ficticio.
El pleito de las derechas contra la educación del pueblo es notoria y su propia incapacidad se muestra impunemente con ejemplos de ignorancia supina de sus dos únicos presidentes. Primero Fox, diciendo José Luis Bogues y luego con el otro, Calderón, mostrando su pasión por Los Bukis. Un político, en cualquier nivel, debe ser culto, educado por lo menos. Mientras más lo sea mejor entenderá su historia, su cultura y sus obligaciones. Cultura y derecha se repelen.