Fue en 1962 cuando Rachel Carson, bióloga marina y zoóloga estadounidense por la Universidad de Johns Hopkins publicó su valioso libro denominado “La Primavera Silenciosa.”
Es la primera valiente denuncia del abuso del plaguicida tóxico y más famoso de la historia contemporánea: el DDT (dicloro difenil tricloroetano).
Este texto traspasó las fronteras de la ciencia para instalarse en la conciencia social de los estadounidenses impulsando los primeros grupos ecologistas en América. Significa el inicio formal de la toxicología ambiental que tanto necesitamos en la actualidad para proteger la salud de los seres humanos y de la biota vegetal y animal.
En 1973 se crea en Estados Unidos de América, la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) como respuesta a las presiones y exigencias sociales de estos primeros grupos ambientalistas y como resultado de investigaciones científicas y estudios epidemiológicos.
28 años después, la Organización de las Naciones Unidas convoca a la comunidad internacional a firmar el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes (COPs).
México lo firmó el 23 de mayo de 2001 durante la Conferencia de Plenipotenciarios en Suecia, para prohibir los primeros doce compuestos químicos principalmente plaguicidas tóxicos, policlorobifenilos (askareles) y las dioxinas y furanos (COPNIs, contaminantes orgánicos persistentes no intencionales).
El objetivo de este convenio global es proteger la salud de los seres humanos y de los ecosistemas de los graves daños a la salud de estos primeros doce Contaminantes Orgánicos Persistentes (COPs) que son: el DDT, mirex, aldrina. endrina, toxafeno, clordano, dieldrina, heptacloro, hexaclorobenceno, policloro bifenilos y las sustancias más tóxicas conocidas que son las dioxinas y furanos que químicamente son dibenzoparadioxinas policloradas (PCDD) y dibenzofuranos policlorados (PCDF), que son compuestos químicos resistentes a la degradación fotolítica, biológica y química.
Sus propiedades altamente tóxicas persisten a través del tiempo, puede viajar grandes distancias a través del aire, agua o por algunas especies de aves migratorias antes de depositarse en tejidos grasos principalmente de peces. Cuando se mantienen en organismos de la cadena trófica (cadena alimenticia) se “biomagnifican”, quiere decir que su concentración aumenta cuando cambia de huésped.
Por ejemplo si un pez aloja 5.0 partes por millón de dioxinas y furanos o alguno de los plaguicidas tóxicos en sus tejidos grasos y ese pez es comido por un oso la concentración de dioxinas y furanos en el oso puede llegar a 50 partes por millón.
*Carlos Alvarez Flores, Presidente de México, Comunicación y Ambiente, A.C.
Experto en Gestión de Residuos y Cambio Climático
www.carlosalvarezflores.com y Twitter @calvarezflores