Cuando digo que trabajo en el Instituto Nacional Electoral, la reacción recurrentees: “Ah, ¿donde hacen las credenciales?” Y sí, entre muchas otras cosas, el INE emite la Credencial para Votar, un documento esencial para millones de mexicanas y mexicanos. Pero el INE es mucho más que eso: es la institución que, desde hace más de tres décadas, ha garantizado que la voluntad popular se refleje libremente en las urnas y que los votos se cuenten con certeza y transparencia.
A consecuencia de la reforma constitucional de 2014, el INE evolucionó hacia una institución de carácter nacional. Esto significó que los estándares con los que se organizan las elecciones se homologaron en todo el país, con el propósito de fortalecer nuestra democracia y asegurar el ejercicio de los derechos político-electorales de la ciudadanía. Desde entonces, el Instituto no solo organiza elecciones federales y consultas ciudadanas, sino que también trabaja de forma coordinada con los organismos públicos locales electorales.
Los principios que nos rigen —certeza, legalidad, independencia, imparcialidad, máxima publicidad, objetividad, paridad— no son solo palabras en la ley. Son la brújula ética que orienta cada decisión y cada proceso dentro de esta granInstitución. Estos valores se fortalecen en la Presidencia de la Consejera Guadalupe Taddei, con la experiencia, transparencia y compromiso de todas las personas que trabajamos en el INE.
Una de las funciones más visibles es, por supuesto, la emisión de la Credencial para Votar que, más allá de ser un instrumento para ejercer el derecho al voto, se ha convertido en la principal forma de identificación de las y los mexicanos. Es el símbolo de ciudadanía, que ha generado pertenencia y confianza institucional.
Sin embargo, el INE lleva a cabo muchas otras tareas esenciales en la vida democrática de México. Algunas de ellas son la organización de elecciones y consultas ciudadanas. Cada proceso electoral implica una logística titánica: instalación de casillas, capacitación de personas funcionarias, impresión y resguardo de boletas, conteos rápidos y cómputos distritales. Todo ello con un solo fin: garantizar que cada voto cuente y se cuente bien.
Otra tarea fundamental es la fiscalización. El INE audita a partidos, coaliciones, precandidaturas, candidaturas, agrupaciones políticas y organizaciones que buscan constituirse como partidos. Este trabajo, que muchas veces ocurre lejos de la mirada pública, es esencial para asegurar equidad en las contiendas y que el dinero —público o privado— se utilice con transparencia y conforme a la ley. En una democracia, el origen y destino de los recursos importa tanto como el voto mismo.
Además, el INE administra los tiempos del Estado en radio y televisión, una atribución derivada de un mandato constitucional. Esta tarea garantiza que las autoridades electorales puedan hacer uso de su tiempo y los partidos políticos tengan acceso equitativo a radio y televisión, evitando ventajas indebidas y fortaleciendo la equidad en la contienda.
El Instituto también tiene una vocación educativa y de largo plazo: promover la cultura cívica. A través de programas de capacitación electoral, talleres y campañas de participación ciudadana, busca que la democracia no se viva solo cada tres o seis años, sino todos los días, en la convivencia, respetando la ley y con la responsabilidad compartida de construir ciudadanía.
A esto se suma la administración eficiente de los recursos públicos, la promoción de la igualdad de género y la no discriminación como principios transversales. Porque la democracia también se mide en inclusión, procurando siempre el respeto a los derechos humanos.
Hoy, cuando tanto se habla de la reforma electoral, es necesario preguntarnos: ¿sabemos realmente todo lo que el INE representa para la vida democrática de México? Detrás de cada módulo de atención, de cada credencial, de cada casilla, de cada spot, de cada sesión del Consejo General y de cada elección, hay un equipo de personas comprometidas con la legalidad y con el futuro del país.
El INE no es solo una Institución; es el pilar de la confianza ciudadana, el espacio donde la pluralidad converge y donde la democracia se defiende, día a día, con trabajo, profesionalismo y convicción.
Andrea Gutiérrez