En un país donde la educación pública sigue siendo uno de los pilares más sólidos —y a la vez más exigidos— del desarrollo social, el papel del sindicalismo magisterial no pasa desapercibido. Hoy, bajo el liderazgo del Alfonso Cepeda Salas, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación ha transitado por una etapa que busca reconciliar dos demandas históricas: la defensa de los derechos laborales del magisterio y su compromiso con la calidad educativa.
Hablar de resultados en el SNTE durante los últimos años implica reconocer, en primer lugar, una estabilidad institucional que no es menor. En tiempos donde los sindicatos enfrentan cuestionamientos sobre su legitimidad y representatividad, el SNTE ha logrado mantener cohesión interna y presencia nacional, consolidándose como un interlocutor activo frente a las autoridades educativas y al ejecutivo federal. Esta capacidad de diálogo ha sido clave para avanzar en acuerdos que impactan directamente en la vida de las maestras y los maestros.
Uno de los beneficios más visibles ha sido la recuperación del poder adquisitivo del magisterio. A través de negociaciones salariales sostenidas, el sindicato ha contribuido a que los incrementos no solo estén por encima de la inflación, sino que también reconozcan la labor docente como una profesión estratégica, y para la que este año, está demandando un incremento al sueldo tabular de al menos 13 por ciento.
En el terreno de la certeza laboral, el liderazgo de Cepeda Salas ha impulsado la regularización de plazas, la basificación de miles de trabajadores y la transparencia en los procesos de asignación. Estas acciones no solo fortalecen la estabilidad de las y los docentes, sino que también impactan en la continuidad de los procesos educativos en las escuelas.
Más allá de estos logros, hay una agenda que define con claridad el sentido social del sindicato: su lucha por la dignificación de la jubilación docente. En este rubro, el SNTE ha colocado en el centro del debate la necesidad de revisar el modelo de cuentas individuales, que para muchos trabajadores ha significado incertidumbre y pensiones insuficientes. La exigencia de transitar hacia un sistema solidario —como el denominado décimo transitorio— no es menor: implica recuperar la certeza de un retiro digno después de décadas de servicio. Esta demanda, además, rebasa al magisterio, pues se inscribe en una causa más amplia que interpela a todos los trabajadores al servicio del Estado.
En esa misma lógica de defensa de derechos, el sindicato ha sido enfático en su postura frente a la ley que rige la USICAMM. La crítica no es superficial: se centra en señalar que los mecanismos de evaluación, promoción y reconocimiento, lejos de garantizar equidad, han vulnerado derechos laborales y generado incertidumbre entre el magisterio. La exigencia de su desaparición no responde únicamente a una postura política, sino a la necesidad de construir un sistema más justo, transparente y verdaderamente formativo.
Otro elemento clave ha sido la defensa firme de la autonomía sindical. En un contexto donde las organizaciones de trabajadores enfrentan presiones externas y tentaciones de injerencia, el SNTE ha sostenido la importancia de preservar su vida interna, sus decisiones y su representación legítima. Esta defensa no es exclusiva del sindicato magisterial: al igual que la lucha por pensiones dignas, se convierte en una bandera que beneficia al conjunto de los sindicatos del país, particularmente a aquellos que representan a trabajadores del Estado.
Asimismo, es importante destacar la participación del SNTE en agendas de carácter social, como la promoción de la igualdad de género, la erradicación de la violencia de género y la escolar, campañas para evitar las adicciones y el cuidado del agua, el bienestar y la seguridad del magisterio. Estas acciones reflejan una comprensión más amplia del papel del sindicato en la vida pública, más allá de lo estrictamente gremial.
Pero hay un rasgo que distingue de manera particular esta etapa: la cercanía directa con la base trabajadora. Cepeda Salas se ha consolidado como un dirigente que da la cara de manera permanente a sus agremiados, que escucha, dialoga y responde. En cada evento sindical al que asiste, no se limita a un acto protocolario; los convierte en espacios vivos de información, y también de transparencia y rendición de cuentas. Esa práctica, poco común en el sindicalismo tradicional, fortalece la confianza y construye legitimidad desde abajo.
El liderazgo de Alfonso Cepeda Salas, ha marcado una etapa de renovación y democratización al interior de su gremio, pero también de definiciones claras en temas estructurales. Y quizá, por eso alrededor del SNTE y de su liderazgo prevalecen las críticas y resistencias que acompañan todo proceso de cambio, a las que más que oídos sordos, para quienes integran este gremio, la frase de: “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos”, está presente.
Porque al final, lo que está en juego no es solo el destino de un sindicato, sino el de millones de trabajadoras y trabajadores que ven en estas causas —pensiones dignas, derechos laborales plenos y autonomía sindical— no privilegios, sino condiciones mínimas de justicia, y el de generaciones enteras cuyo derecho a la educación no puede ni debe quedar a merced de la confrontación.
DRA. ROSALIA ZEFERINO SALGADO
Asesora en Comunicación Estratégica e Imagen Pública
Integrante de la Red de Mujeres por la Educación (MuxED)