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El “ambicioso vulgar”

El “ambicioso vulgar”

Columnas miércoles 04 de marzo de 2020 - 01:07

La delincuencia está desatada. La víctima ahora es nada más y nada menos que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien dentro de sus filas tiene al “cabecilla” de la banda de cuello blanco, Alfonso Romo, sí, el flamante jefe de la oficina de la presidencia convertido en un “ambicioso vulgar” capaz de destruir cenotes sagrados, asesinar diversas especies animales y vegetales y, por si fuera poco, abusar de la mano de obra de los más pobres, de los indígenas mayas.
Vaya “fichaje” hizo la Cuarta Transformación en la persona de Romo, el regiomontano no solo acumuló poder político al ganar López Obrador, también buscó incrementar sus ganancias económicas traficando con lo que más odia el jefe del ejecutivo: con las influencias de ser su mano derecha y representante ante el sector empresarial.
Con el reportaje titulado “Un cacique del agua en el paraíso maya” dado a conocer por Carmen Aristegui y la revista Proceso, Alfonso Romo se muestra tal como es: un hombre irracionalmente ambicioso capaz de traicionar la confianza de quien lo rescató de las ruinas empresariales.
Saber que las viejas mañas de las administraciones neoliberales se mantienen vigentes para mí no es sorpresa, sobre todo cuando el gobierno lopezobradorista recurrió a muchas personas de esas épocas para gobernar, la sorpresa fue descubrir la existencia de todas en un solo hombre.
Alfonso Romo, de acuerdo con la investigación periodística, es corrupto, traficante de influencias, delincuente ambiental y explotador laboral, ¿no será todo esto suficiente para que el titular del Ejecutivo federal separe ahora sí y de manera definitiva al poder político del económico como prometió al asumir el poder?
De no hacerlo se estará enviando a la sociedad mexicana el mensaje de que el amasiato entre ambos poderes sigue y seguirá al interior de la Cuarta Transformación. De no hacerlo se estará fomentado el robo rapaz del cual se quejó por una década el presidente López Obrador. De no hacerlo sería solapar la corrupción que fue la tumba de Enrique Peña Nieto.
De no hacerlo quedaría implícito el pago de favores del tabasqueño a un empresario que supo “jugársela” muy bien para empoderarse y enriquecerse a costa de un país vulnerado por la delincuencia y la impunidad.
Es imperante que el primer mandatario deje de protegerlo y ordene a la Secretaría de la Función Pública, a cargo de Irma Eréndira Sandoval, una investigación seria y profunda, sobre los actos delictivos de Romo, no un teatro como lo hizo con Manuel Bartlett, y se le sancione por cada ilícito cometido en contra del patrimonio mexicano y de nuestro medio ambiente.
Como activista por los derechos de los animales y defensora del planeta, me indignan el daño ecológico hecho por Romo a la península de Yucatán; destruir nuestras riquezas naturales taponeando un cenote sagrado del cual bebían agua animales y plantas debe ser castigado penalmente.

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/CR

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