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El contador de historias de Senegal

El contador de historias de Senegal

Suplemento viernes 12 de abril de 2019 - 05:03

Griot es la denominación de la cultura mandinga, de África, para quien se dedica a contar a historias, aquel que lleva consigo, de generación en generación, la tradición oral de su pueblo. Babou Diébaté es un griot avencindado en nuestro país desde hace muchos años y, al parecer, se quedará aquí a iniciar una nueva tradición.

Julia Piastro

Algunas pilas de discos, varias maletas amontonadas. “Pronto me voy a mudar”, aclara Babou; luego se dirige a la cocina para preparar café. En una esquina descansa un instrumento musical que emana cierto halo místico: la kora. Me quedo husmeando los discos, mientras escucho a Babou discutir con su roomie en wolof, una de las 27 lenguas nacionales de Sénegal —además del francés, que sigue siendo la lengua oficial del país—. Al regresar, Babou me encuentra examinando un CD de la cantante maliense Oumou Sangaré. “¿Te gusta? ¡Llévatelo!”, me dice, al tiempo que me ofrece una taza humeante. “Un día voy a proponerme para hacer publicidad de café”, bromea. “Yo tengo palabra para hablar por café. Incluso tengo una canción del café.”

Babou vive en México desde 2014. La serie de hechos que lo llevaron de África Occidental a un pequeño departamento en Tlatelolco son tan singulares como su carácter. Me había acercado a él un par de días antes, durante un concierto que dio en Bucareli 69, para pedirle una entrevista; enseguida empezamos a conversar en una mezcla caótica de francés y español: “¿Es cierto que eres el primer griot que vive en América Latina?”, le pregunté. “Sí”, respondió, “otros han venido a tocar, pero ninguno se ha quedado a vivir aquí. Y ahora que tengo un hijo, él es el primer griot nacido en América Latina”. Los griots son figuras fundamentales de la cultura mandinga: músicos, poetas, consejeros e historiadores, heredan su profesión de padre a hijo. Yo había leído sobre ellos durante la carrera, y conocer a uno en persona me parecía verdaderamente mágico.

Tomo un trago de café y prendo la grabadora: “¿Cómo fueron tus inicios en la profesión de griot?”, pregunto. Babou empieza a hablar, con ademán ceremonioso:

—Primero me presento: me llamo Babou Diébaté y vengo de dos grandes familias griots mandingas. Mi madre es Kouyaté, y mi padre es Diébaté. Cuando tenía cinco años empecé a seguir el camino de mi padre. Tocaba con él en los bautizos, en las bodas, con las mujeres —su tono de voz vira hacia la confidencia—. Cuando tocaba, no miraba a la gente a los ojos, porque era tímido: bajaba la cabeza, cantaba y tocaba. Las mujeres me decían: “Babou, mira cómo bailo”, y yo no miraba porque era tímido. Poco a poco me fui acostumbrando al público. Cuando cumplí quince años, mi padre murió, y yo me fui a vivir con su hermano mayor, mi tío. Con él estuve siete años más, aprendiendo. Después, me dejó libre para que yo saliera a construir mi universo de griot al mundo.

Se detiene para traer una jarra de agua y dos vasos. Al servirla, se derrama un poco en el piso. Babou aprovecha el accidente para dar una especie de lección de vida:

—El agua que cayó no es para nosotros. No debemos beberla. Si la bebemos, podemos enfermarnos, es de mala suerte. Así que gracias a Dios que se derramó. Lo que está aquí, en nuestro vaso, es lo que debemos beber. Todo eso son conocimientos, valores que se han perdido hoy. Porque nosotros ya no creemos en la tradición. Solo creemos en la tecnología. Y eso es peligroso. Para equilibrar nuestras vidas, necesitamos valores culturales, no solamente tecnología. Mezclar los dos. A mí me encanta la tecnología —aclara, y agarra su celular—, yo hablo aquí con mi mamá, yo soy feliz. Es la tecnología, es bueno. Ok. Pero tiene que ir junto con el valor cultural que tenemos. Para que nos enseñe a nosotros el conocimiento de nuestros ancestros, de nuestros abuelos, de nuestros padres. Voilà.

Asiento con la cabeza. Miro de reojo al instrumento musical que está apoyado en la esquina del cuarto: tiene marcado un nombre con letras doradas: Nathalie. La kora se fabrica con una calabaza vaciada, partida a la mitad y cubierta de piel. Generalmente tiene 21 cuerdas. Su sonido es semejante al del arpa, aunque su timbre es muy particular. Le pido que me hable un poco sobre ella.

—La kora es un instrumento mágico. Su fabricación es ritual, tradicional. No es algo que pase todos los días: sucede una vez cada cinco o diez años. Todo el mundo quiere asistir a su fabricación. ¿Por qué? Para saber su suerte. Si asistes, es porque va a ser tu año, y todo lo que deseas se va a arreglar. Si por alguna razón no pudiste llegar, el año va a ser nulo para ti. Yo le aviso a todo el mundo el día, la hora, todo. Pero incluso a alguien que vive conmigo, Dios le puede dar una ocupación para que no pueda llegar. Eso quiere decir que ese no es su año. Y tú, que estás de paso, pero lo ves, y te acercas, es tu año. Los espíritus tomaron ese acuerdo y eso es lo que va a suceder.

“La kora siempre lleva el nombre de una mujer. El griot escoge entre sus amigas o conocidas, a la que le quiere dedicar su kora. Después se hace un gran bautizo, una gran fiesta. Toma un año prepararlo. La gente va a venir a comer, los griots van a tocar, las mujeres van a bailar. Se cocinan muchos kilos de arroz. Incluso se puede matar a una vaca: como ves, es algo serio. Llegan miles y miles de personas. Durante el bautizo, llevan la misma tela el griot, la mujer que dio su nombre a la kora y el estuche del instrumento. Es el papá, la mamá y el hijo, bueno, estoy bromeando, pero es más o menos eso.

Babou me explica algunos detalles técnicos: la afinación de las cuerdas, cómo están repartidas las notas, y las habilidades que se requieren para construir las distintas partes de la kora, que van desde la carpintería hasta la herrería. Después, la conversación se desvía hacia el papel que tienen los músicos tradicionales en la sociedad africana.

—Los griots somos padres y madres de todo el mundo. No es solo tocar y cantar. Representamos muchas cosas. Porque queremos que las personas compartan todo, en buena armonía, y siempre. Si tienes un conflicto con alguien, yo voy y canto tu genealogía, tu historia, tus valores, todo, para bajar tu korazón y el del otro también. Y nos damos la mano por la paz. Por ejemplo, hay veces que dos jóvenes quieren casarse, y los padres no están de acuerdo. El griot va a hablar con las familias para que todo salga bien. Todo eso el griot lo arregla en secreto. El conflicto entre dos familias, todo es en secreto. Los griots somos consejeros, reguladores de conflictos, por la paz. Músicos para hacer vivir el corazón de las personas, para sacar todas las cosas sucias. La kora es un instrumento espiritual, para purificarse. Te lava, te quita las cosas malas.

El roomie de Babou hace súbitamente su aparición. Está vestido con pantalones pegados, una camiseta de marca y lentes oscuros. Ambos vuelven a hablar en wolof (¿están conversando o discutiendo?; imposible saberlo con certeza). Después de un rato se despide y sale. Babou continúa la entrevista, como si nada hubiera ocurrido:

—Sin nosotros la historia de África no podría conocerse. Porque nosotros no escribimos, el griot es oral. Nosotros le contamos la historia de África a los colonizadores, y ellos la pusieron en las bibliotecas. Pero nosotros somos bibliotecas vivientes. Todo lo que necesitas saber, no necesitas ir a la biblioteca, aquí estoy yo, pregúntame. Yo soy la memoria de mi pueblo, así nos conocen en África. Por eso si hoy muere un griot, África llora mucho, porque saben lo que han perdido. Nosotros hemos ayudado a África, hemos arreglado a África a través de la palabra y la música, hemos organizado a África en paz. África nos reconoce por eso, y ahora queremos compartir ese conocimiento con el mundo entero.

Finalmente, le pregunto acerca de sus planes a mediano o a largo plazo. Además de presentarse con diferentes agrupaciones, Babou da clases de canto y de instrumento; próximamente también impartirá talleres para construir koras.

—Llegué aquí porque éste era mi destino: trabajar para formar una generación de griots mexicanos. México es una tierra con mucha riqueza. México, África, son tierras de cultura. Hago un llamado para que juntos busquemos nuestra memoria cultural. Hay un proverbio que dice: si no sabes adónde vas, regresa por donde vienes. Es conveniente regresar a nuestros valores, revisarlos y ponerlos en el camino. Sin eso, no va a haber amor; va a ser una vida terrible, llena de sangre y muerte y problemas. La cultura verdaderamente nos enseña a evitar todo lo que va a ser un problema entre las personas. La paz se trabaja todos los días.


¿QUÉ ES LA KORA?

* La kora se toca en Gambia, Guinea, Malí y Senegal.
* Se compone de una caja de resonacia hecha de cuero y de un puente con muescas.
* Tiene 21 cuerdas, 11 se tocan con la mano izauierda y 10 con la derecha.
* Las cuerdas de la kora se hacían de tripa de antílope. Actualmente se utilizan cuerdas de arpa.

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IM/CR

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