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El diablo a todas horas

El diablo a todas horas

Columnas jueves 12 de noviembre de 2020 - 16:11

Por Antonio Rodríguez

El mal es como una fogata, si alimentamos la fogata esta no dejara de arder, sin embargo, si las condiciones climáticas cambian, si no se añade leña ni hierbas que puedan arder, la fogata terminará por transformarse en humo y cenizas. "Al que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, no le niegues tampoco la túnica” (Lucas 6:29). El apóstol habla sobre no alimentar el mal, es controvertido dicho pasaje (como tantos) puesto que es difícil de entender el cómo acercar la otra mejilla, como detener la ofensa, como no contestar el mal. Es tal vez por eso que el ojo por ojo no funciona.

Pero que sucede cuando las fuerzas disminuyen, cuando el golpe es tan fuerte que termina por desbalancear aquella fuerza y fe, y uno se olvida de poner la otra mejilla, e invierte sus fuerzas en contestar el golpe con mucha más fuerza. El diablo a todas horas, el cuarto filme del director Antonio Campos -estrenado hace un par de meses en Netflix- plantea este tipo de cuestionamientos, que remiten a filmes como Silencio de Martin Scorsese o Los últimos días en el desierto de Rodrigo García, películas con temática religiosa que evitan caer en el maniqueísmo, en la moralidad extrema, en sentenciar a la espectador.

García, basándose en la novela de Donald Ray Pollock, entrelaza varias historias que en algún punto del filme convergerán siempre por un motivo violento, desde el soldado que mira a su general crucificado al ser un prisionero de guerra, la pareja de enamorados que deciden vender fotografías pornográficas y de sujetos muertos, la joven que decide creer en la voz de un “falso profeta” revestido de pastor religioso, hasta el joven que gran parte de su vida ha convivido con la violencia y muerte hasta que decide terminar este círculo de maldad por su propia mano.

Resulta Interesantísimo que el final sea una alegoría de Cristo junto con uno de los personajes principales que, una vez cumplido con su misión autoimpuesta y que después de mirar un retrato colgado en su pared que representa el pasaje bíblico en donde San Simón ayuda a Cristo a cargar la Cruz en el Gólgota, toma fuerza y valor para terminar con el mal que anda rondando, ¿Por qué él, Por qué en su final puede dormir plácidamente? Sencillamente porque es el único que no ha pecado carnalmente, y no porque este sea un pecado per sé, sino la forma en llevarlo a cabo, entre mentiras y perversión.
Hay que luchar con el diablo a todas horas. El diablo es el mal y este tiene muchos rostros: fanatismo religioso, corrupción, perversión, etc., cambia de rostro y sabe mezclarse.¿Sabremos darnos cuenta?




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/CR

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