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El exótico autoritarismo

El exótico autoritarismo

Columnas jueves 19 de noviembre de 2020 - 00:48

Me sorprendió encontrarme con un video de amplia difusión, realizado en los Estados Unidos, en 2016, luego del triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de ese año. La persona que lo narra fija los términos de la discusión en la perplejidad de casi todos los expertos de ese país en ese momento, que se reían con franqueza ante la expectativa de que el magnate inmobiliario ganara; primero, las elecciones primarias del partido republicano; y después, la presidencia.

Luego procede a la exposición sustantiva de lo que, según ella, explica de mejor manera la circunstancia que estaba viviendo (el triunfo indiscutible de Trump, de nuevo, en 2016). Se refiere a un concepto “de nicho” y “poco desarrollado” en la Ciencia Política, el de autoritarismo. Lo dice sin sarcasmo; se nota que para ella, el término y sus características eran tan exóticos como algún ritual de brujería con implicaciones políticas africanas o una de las sofisticadas contaminaciones entre oligarquía empresarial y Estado de Europa del Este. Es menester precisar que de lo que la persona habla, además, no es tanto de autoritarismo sino de populismo. El primero, se refiere a la toma de decisiones colectivas sin tomar en cuenta a la colectividad destinataria, nada más. El segundo, es el trumpismo que todos conocemos.

Eso habla de la salud democrática de las instituciones de los Estados Unidos a través de la historia, pero también de los puntos ciegos que uno desarrolla cuando sólo estudia su propio sistema político, su propia circunstancia. De ahí que tenga sentido la normalización del progreso (cuando lo hay), pero también la del rezago, si no se sabe con quién compararse ni por qué.

Boventura de Sousa Santos dice que eso (la relativa trivialización del progreso) es una de las características de la modernidad; quizás sea más humano que cultural, porque el confort tiene un sustrato muy tangible.

Para México, América Latina (y casi todo el mundo pensándolo bien) el autoritarismo es el primer concepto que debe sumarse a cualquier análisis histórico y coyuntural del arreglo político. Sea para denunciar su presencia o para reconocer su mitigación, no hay manera de darle la vuelta.

Para los expertos que hablan en la televisión, en los países centrales, aparentemente, no está ni en el marco teórico. En nuestro país y en la región es un elemento cultural que se ha tratado de subsumir al caudillismo, al corporativismo o a la franca decadencia del Estado.

No pretendo subirme a ese tren que no tiene lugar de destino, sino hacer notar que el mundo entero está pasando por un momento populista, y la soberbia de muchas sociedades, al sentir que están más allá de esos riesgos, les está impidiendo defender sus instituciones adecuadamente. La legalidad como forma incuestionable de legitimidad es un rasgo siempre frágil, y en tiempos de estancamiento, parálisis o emergencias, los ciudadanos tienden a virar hacia el “hombre fuerte”, el que encuentra soluciones sencillas y usualmente equivocadas a problemas complejos.

Eso no “se supera”, simplemente se adormece, y despierta en los peores momentos. Estamos pasando por uno, en todo el mundo. Aquí el video de referencia:
https://www.youtube.com/watch?v=5YU9djt_CQM&t=84s

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/CR

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