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El extranjero 

El extranjero 

Columnas viernes 13 de marzo de 2020 - 01:39

Hay algo de inverosímil en el anuncio hecho por el presidente Donald Trump, mediante al cual comunicó al mundo entero que, durante los siguientes 30 días, Estados Unidos no permitirá que vuelos provenientes de Europa entren a ese país.
La verdad no sé si existe en la historia de la aviación moderna algún episodio similar, pero éste se acerca ya a la ciencia ficción. En realidad, nunca pensé que sería testigo de algo así, ni siquiera en alguna serie aterradora de televisión.
Uno no puede más que imaginar las cantidades de historias de vida que se empiezan a escribir o a terminar en este momento: ¿cuántas personas quedarán atrapadas al menos por las siguientes semanas? ¿Qué vidas se cruzarán, qué vínculos se romperán para siempre? Serán montones y montones, porque es casi imposible visualizar la enorme cantidad de vuelos que diariamente se realizan entre las capitales y ciudades europeas a los aeropuertos de los Estados Unidos, los cientos de miles de personas que suben a un avión en el viejo continente y descienden de él en la nación de las barras y las estrellas.
¿Es una medida razonable? El tiempo habrá de decirlo. Por lo pronto, sorprende que la administración de los Estados Unidos parezca señalar que su mayor preocupación consiste en etiquetar al virus como extranjero: primero prohibió los vuelos desde China, ahora los vuelos desde Europa, como si así pudiera evitarse que el virus se nacionalice americano.
Parece que nuestros vecinos del norte quieren atribuir al virus una nacionalidad. Es curioso pensar como podrá conseguirse esa aspiración, si el patógeno ya está dentro de los Estados Unidos: será que el siguiente paso consistirá en otorgarle una ciudadanía estatal: ¿será neoyorkino o californiano en el futuro? ¿Se prohibirán los vuelos internos y se cerrarán las fronteras interestatales? ¿Y si el virus declara su independencia? No podemos saberlo, pero quizás la maldad esencial del bicho será plenamente visible cuando Texas vuelva a quedar, al mismo tiempo, fuera de México y fuera de los Estados Unidos.
Lo cierto es que parece una decisión de guerra y en eso el gobierno de los Estados Unidos parece tener razón: a algunas horas de haber sido declarado enemigo público número uno, queda claro que el patógeno será más pernicioso, nocivo y mortal que cualquier ataque terrorista que los vecinos del norte o el mundo en su conjunto hayan experimentado. Después de la declaración de guerra, lo que espanta es que ahora, también el país más poderoso del mundo, parece desarmado. Frente a este terrorista declarado ilegal, no hay bardas, ni armas convencionales ni de destrucción masiva, ni siquiera agentes de la Border Patrol con enormes jeringas de vacunas al ciento, que puedan hacer mucho y la cerrada de puerta en las narices que los europeos se llevan, es la mejor muestra de ello.
Intencionalmente, al igual que lo hizo el presidente Trump, excluyo de este maltrato a los ingleses, pues ellos decidieron democráticamente ya no ser europeos y su ausencia hace más notoria la discriminatoria exclusión que el resto de los nacionales del viejo continente reciben ahora del gobierno americano. Bienvenidos europeos al territorio emocional de los ilegales, aquí podrán sentir lo que nosotros vivimos todos los días, por solo intentar movernos para tratar de vivir de una mejor manera.
Por lo pronto, el enemigo ya duerme en casa de los vecinos.

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/CR

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