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El hambre del confinamiento

El hambre del confinamiento

Columnas jueves 10 de septiembre de 2020 - 00:17

Conversando con un amigo médico, de enormes credenciales, noté que, aunque todos seguimos hablando de la pandemia, todos hablamos realmente de cosas distintas.
Al día de hoy, la propia OMS ha reconocido que los confinamientos no son viables ni útiles para combatir esta pandemia, que será larga y asimétrica. Mientras tanto, otros órganos dentro de la propia Organización de las Naciones Unidas, como la FAO, encienden las alertas por hambrunas inminentes en varios países africanos, como Sudán y el Congo.
Otros países de Asia y el Caribe se acercan inminentemente al mismo punto. El virus está cediendo, pero no del todo. La vacuna disminuirá su virulencia, pero no del todo, porque la erradicación implicaría una vacunación universal simultánea.
Erradicar las enfermedades (como la viruela o la poliomielitis) tardó generaciones enteras, y así será en este caso. El falso dilema entre cuidar la economía o la salud es una caricatura que no toma en cuenta la complejidad de la vida social.
No se trata de cuidar el dinero de los ricos (que por cierto se han vuelto más ricos estos meses), sino de hacerse cargo del efecto dominó que causó bajarle el switch al planeta, que multiplicó a los pobres y condenó a millones de jóvenes a una deserción escolar definitiva.
La OMS recomendó lo mismo a países desiguales, donde un confinamiento radical no era posible y, hoy lo sabemos, ni siquiera deseable. Sus amenazas de rebrote y permanencia del Covid han llevado a los países a cerrar fronteras incluso a la exportación de alimentos y a almacenar sus excedentes, evaporando la ayuda humanitaria que es indispensable en los países que mencionamos al principio.
Los oficinistas clasemedieros que le gritan improperios al vendedor ambulante por estar en la calle sí tienen relación con el desastre que se vive y con el que viene, porque también la miseria del siglo XXI tiene una lógica trasnacional. El punto central, que seguimos sin entender, es que el tratamiento de una enfermedad es un tema médico, pero el manejo de una pandemia es un tema político.
Cuando tus recomendaciones consisten en pedir control social absoluto, interrupción de la vida pública y privada de la gente y supresión de libertades civiles, ya no estás en el terreno médico. Y tú responsabilidad y ponderación de consecuencias y efectos no deseados, por ende, ya no es exclusivamente médica.
Cuesta trabajo asimilar que a la humanidad entera le salen mal las cosas, aun cuando nadie haya actuado de mala fe, pero sí pasa. Las hambrunas y la pobreza extrema dejaron en un estado de vulnerabilidad a millones de personas, que seguirán en él cuando la pandemia ya sea nota vieja.
Claro que hay que cuidar la vida y por eso estar conscientes de que la letalidad del hambre no es de 0.70 por ciento, sino de 100 por ciento; porque si una persona deja de ingerir alimento, pues se muere. Es hora de cambiar la brújula.

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/CR

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