Para bien o para mal (esperemos que sea lo primero) nuestro país se encuentra actualmente inmerso en un proceso de transformación. Los cambios concretos y específicos que pueden observarse, no son hechos aislados, sino consecuencia de la decisión de cambiar el rumbo de las políticas del estado.
Los cambios de visión y nuevas formas de actuación en organismos como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), sectores del quehacer público como la ciencia; instancias públicas como el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnología, (CONAHCYT) y los Centros Públicos de Investigación como el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) son una parte visible de esos procesos.
Estos cambios son percibidos por un sector de la sociedad, como necesarios y convenientes; pero no es un criterio unánime. También hay quienes observan en ellos un deterioro institucional, o un desmantelamiento de los organismos públicos construidos a lo largo de décadas. En el fondo, está cambiando la forma de ejercer la función de estas instituciones.
El Instituto Nacional Electoral (INE) y el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) son otros espacios donde la lucha de estas distintas perspectivas ha tenido repercusiones. Y por el mismo camino se encuentra la posible reforma al Poder Judicial Federal.
Lo cierto es que, en el fondo de este importante debate público, subyacen distintas visiones del quehacer del estado. Mientras que la perspectiva del estado liberal (o "neoliberal") busca garantizar la eficacia de los derechos y libertades individuales para asegurar el bienestar general, la perspectiva de “estado social” pretende privilegiar los bienes comunes como medio para alcanzar los fines del estado. Sería inútil tratar de demostrar la superioridad de un modelo sobre el otro.
Simplemente son dos formas distintas de buscar un mismo fin. Yo no creo que quienes no están de acuerdo con los cambios institucionales son necesariamente personas que quieren “conservar sus privilegios.” Se trata de distintas formas válidas de entender el papel del estado.
Adjetivos como “neoliberal”, “conservador”, o "fifí" han sido utilizados para descalificar una determinada postura. Del otro lado también existen expresiones despectivas como "socialista", "chairo" o "del bienestar".
Esta polarización no nos lleva a nada. Por mi parte, no voy a participar en linchamientos ni afirmar que en el CIDE “neoliberal” había corrupción y mafias (no me consta). Pero los ciclos se cierran. Unos se van y otros llegamos. Todos valiosos sin duda. Los cambios son inevitables. Adiós al CIDE anterior, y bienvenido el nuevo CIDE. Hagamos que sea para bien.
Flor de Loto: Le doy gracias al CIDE “del bienestar” por abrirme sus puertas como profesor visitante, para hacer investigación con enfoque social. Un académico autista con perspectiva social como yo, nunca antes tuvo cabida en esta institución.