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Embrollo hídrico

Embrollo hídrico

Columnas miércoles 25 de mayo de 2022 -

La Conagua reveló que 81.33 por ciento del territorio nacional se encuentra en estado de sequía, con distintas gravedades. Concretamente, ocho estados tienen de 90 a 100 por ciento de sus territorios con algún grado de sequía; Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Coahuila y Sonora son los estados que tienen el 100 por ciento de sus territorios con afectación, mientras que Chihuahua (97 por ciento), Nayarit (90 por ciento) y Nuevo León (92.2 por ciento) completan la lista más preocupante de estrés hídrico.
Todavía está fresco el escándalo de cuando el presidente AMLO canceló una planta cervecera en Baja California, porque iba a generar todavía más escasez de agua. Resulta que, aparentemente, era cierto. Pero esto va más allá. La humanidad tiene que reconciliarse con el hecho de que el agua está sufriendo una transformación como la han sufrido tantos otros recursos naturales.
Conforme han pasado las décadas (y hasta los siglos), innumerables recursos han entrado en un estado crítico de escasez, y han pasado de ser, de bienes universales sobre los que no se repara en absoluto, a bienes públicos por los que se paga un derecho, luego a bienes privados, y luego a bienes privados escasos.
El ejemplo más obvio sea quizás el espacio físico. Los asentamientos humanos se han concentrado en ciudades que, en proporción al territorio habitable, ocupan un espacio pequeñísimo, y han tenido que crecer a lo alto.
Hoy, ser propietario de un minúsculo piso en Manhattan o Sao Paolo, solo está al alcance de los muy ricos. O recordemos también el tipo de motores que tenían los vehículos en los años 60, antes de la primera gran crisis del petróleo, para constatar que hubo una época donde, se creía, el combustible era ilimitado y costeable, así que el único reto era meter cada vez más cilindros en un carro.
Hoy nos toca vivir una crisis energética que no es transitoria y está plenamente relacionada con la crisis de agua. El primer problema es que las dos mayores causas de la escasez de agua son, a su vez, dos de los cimientos de la sociedad moderna: la industria y la universalización de servicios básicos. Concretamente, es la industria la que ocupa mayor parte de las reservas de agua de todo el mundo, y es la generación de energía eléctrica la que más usa agua de todas las fuentes de producción. Así, ni la política de productividad industrial que sostiene la economía ni la política para abandonar los combustibles fósiles son compatibles con el ahorro radical de agua.
Es cierto que hay movimientos políticos y sociales que tratan de “concientizar” de los problemas subyacentes. La industria de la moda, con su ropa cada vez más desechable, gasta mucha agua inútilmente, y también la energía solar, eólica y similares, pretenden reencauzar al mundo hacia la sustentabilidad, que no es otra cosa que evitar la autodestrucción. Si lo dijeran así, en lugar de usar eufemismos cursis, quizás tendrían más éxito en sus propósitos. Lo malo es que tanto los hippies digitales como las empresas de energías limpias, hoy, son en el mejor de los casos ingenuos y en el peor, mercenarios de la virtud discursiva. Ni una ni otra cosa son alternativas reales a la dinámica económica (ni cultural, eso es importante) del mundo actual. No mientras la mayor cantidad de empleos sean generados por la industria y la mayor cantidad de la energía que requiere la industria utilice agua para su generación.
Lo más probable es que, en el futuro mediato, haya una lucha descarnada entre distintas ramas de la industria para apoderarse del agua restante. En ese sentido, las empresas tecnológicas y de la información, tienen los medios para hundir mediáticamente al mundo textil o minero, si se ven en una situación de vulnerabilidad. Y serían esas empresas, también, las que podrían financiar con éxito campañas y plataformas políticas, arraigando en las personas que salvar al mundo implica acabar con ciertas industrias específicas, y no con otras, aunque también sean corresponsables de la escasez del agua. Estemos atentos a la primera campaña global de Apple o de Facebook contra la fast fashion, porque eso quiere decir que ya empezó la cuenta regresiva. Y no, en esa historia tampoco habrá buenos.

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