En el 2000, se logró sacar al PRI de Los Pinos y con ello tuvimos una alternancia de partido, pero no cambió el sistema político. En el 2018, el presidente Andrés Manuel López Obrador, logró una verdadera alternancia política y de proyecto de Nación. Ahora, por primera vez, una mujer tiene posibilidades reales de concretar la alternancia de género.
El camino ha sido largo y difícil, la lucha ha sido de todas, de cada mujer, de cada niña, de cada adolescente, en cada hogar. Todas sumaron, la que decidió qué estudiar, qué ropa vestir, en qué trabajar, en qué divertirse, qué deporte practicar, por quién votar, qué sueños alcanzar.
En el 2005, Yeidckol Polevnsky fue candidata en el Estado de México y enfrentó cuatro grandes desafíos: un candidato creado desde la televisión, Enrique Peña Nieto; el aparato de gobierno; su nombre impronunciable; y lo más difícil, la misoginia y machismo, sobre todo en las zonas rurales. Los campesinos se reían, les parecía un chiste que una mujer quisiera ser gobernadora, no lo concebían.
Hoy nadie se ríe, nadie se burla, al contrario, la gran mayoría está consciente de la capacidad y talento de las mujeres. Ya han visto presidentas municipales, diputadas, senadoras, gobernadoras y hasta una jefa de Gobierno en la CDMX.
Y es justo Claudia Sheinbaum, la prueba de que una mujer puede aspirar a ser Presidenta de México. Gracias a un buen gobierno y a la larga lucha al lado del presidente Andrés Manuel López Obrador, encabeza encuestas presidenciales.
Los conservadores la toman muy en serio, están nerviosos y han arreciado la guerra sucia en su contra. Claudia representa todo aquello que ellos temen, todo lo que no pueden ver, todo lo que lastima sus intereses oligarcas. No podría pasar algo peor para la misógina oligarquía mexicana que, tener una Presidenta y que, además, sea de izquierda.
Por ello, ante la falta de apoyo popular, en la oposición están preparando el camino a través de las instituciones que todavía controlan, como el INE y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), para cerrarle el paso a Claudia, a como dé lugar, incluso impidiendo su registro como candidata. Con una argucia legaloide, el TEPJF, usurpando facultades legislativas en las barbas del Congreso de la Unión, ha decidido tipificar delitos y establecer sanciones inexistentes en las leyes federales.
El INE y el TEPJF declaran a la jefa de Gobierno, culpable de todo lo que la oposición denuncia, y le van acumulando falsas violaciones a la ley electoral, para construir el agravante de reincidencia, que les permita socializar la falacia de que al ser sancionada muchas veces por violar, según ellos, la Constitución, podrían resolver que Claudia no cumple con el “Modo honesto de vivir”, requisito sin el cual ningún candidato o candidata, podría registrarse para competir por la presidencia de la República.
En Morena piensan que no se atreverán a tanto, pero son capaces de eso y más. Saben que se generaría un gran movimiento, quizá solo igualado por el desafuero de López Obrador, que los llevaría a doblar las manos. Pero, bien dice el dicho que, a rio revuelto, ganancia de pescadores, y ellos son especialistas en pescar en medio del caos.
Así, el camino no viene fácil para la primera mujer con posibilidades reales de gobernar nuestro país. Sin embargo, está lista para resistir, se ha forjado en la lucha social y no está sola. La veremos en la boleta electoral. Es tiempo de las mujeres.
ENTRE GITANOS.
Mientras el Congreso de la CDMX se vestía de colores, con el Parlamento LGBTTTIQ+, la diputada América Rangel, invitaba a los padres de familia a no llevar a su hij@s a ver la nueva película de la saga Toy Story, “Ligthyear”, porque en ella se presenta un beso entre dos mujeres. ¡Vaya homofobia! Ante esto, la politóloga conservadora Denise Dresser, le respondió llamando a ver la película y se manifestó por una sociedad diversa, sin “prejuicios atávicos”. Insisto, en esa alianza conservadora, el agua y el aceite no se pueden mezclar.
*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com