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Este enero será dinamita

Este enero será dinamita

Columnas jueves 31 de diciembre de 2020 - 01:02

Los clasemedieros con formación universitaria solemos tener desplantes de rebeldía en asuntos insignificantes. Así, me rehúso a que mi última columna del año sea una “recapitulación de 2020” o un llamado a la reflexión sobre “lo que aprendimos” de la pandemia o de cualquier otra cosa. Eso no sólo sería cursi y lleno de lugares comunes; además, sería ingenuo.

El pasado reciente está demasiado fresco como para saber qué aprendimos y qué no. Es mucho más interesante observar nuestro propio comportamiento en estas fechas que hemos aprendido a ver como finales de temporada de nuestra propia serie (¿la ve alguien?). Los propósitos de año nuevo se hacen desde semanas o a veces meses antes del nuevo ciclo, pero se espera el 2 de enero para echarlos a andar, como si ese día empezara la vigencia de alguna suscripción. La dura realidad es que los cierres de año calendario son arbitrarios, sirven para que los gobiernos lleven cierto orden fiscal y presupuestario y otros temas de tinte jurídico, contable y agrícola.
Pero para efectos vitales y estructurales, los años bien podrían contarse de verano a verano (como uno hace de niño, porque entra y sale de la escuela). Lo importante es que las cosas importantes siguen sucediéndose y nuestra propensión a “ya cerrar el año”, es más un placebo psicológico que una oportunidad para empezar de cero.


Paradójicamente, cuando una colectividad numerosa se pone en el mismo plan, se vuelve una profecía autocumplida. Aún en los años en que no hay crisis sanitaria, es trágico el destino de cualquier persona que pretenda iniciar un proceso de desarrollo personal o profesional a principios de noviembre, ya no digamos comenzar un nuevo proyecto laboral y echarlo a andar en diciembre. Por todos lados encuentra uno incentivos para ponerse en modo de ahorro de energía; hasta el amigo al que le urgía encontrar trabajo dos semanas antes, te dice que “en cuanto pasen las fiestas”, está listo para lo que sea y el joven que lleva los últimos tres años viendo cómo se va su vida por la coladera de Instagram, “ya en enero no le van a ver ni el polvo”.

No pretendo caricaturizar a quienes ponen en pausa sus urgencias para tomar ponche (o no solo a ellos), porque también es frecuente que las puertas que tocan sean respondidas con un espaldarazo condescendiente: “ya te dije, vamos con todo, nada más deja que pase esta locura de fin de año”... y vuelve a su sillón a quedarse medio dormido; tampoco es que haya mucho que hacer y así todos nos retroalimentamos de letargo. Agradezco enormemente a ContraRéplica el espacio que me brinda cada semana para llegar a ustedes. Y hay temas apremiantes para conversar de política y economía, pero ya en enero los vemos.

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/CR

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