La extorsión es uno de los delitos que más merman la economía de las regiones que lo padecen, y mientras mayor sea la virulencia con que los ataquen, peor nos irá a todos.
En la entrega anterior se comentó que la prosperidad del país está ligada al éxito de miles de emprendimientos exitosos, que sólo pueden florecer en entornos seguros. El “cobro de piso” es un impuesto que pagan comerciantes de todas las capacidades económicas en nuestro país: desde el puesto de frutas en el mercado más modesto en los municipios más pobres, hasta los restaurantes y clubes nocturnos más exclusivos en las zonas residenciales más caras del país, gangrenando el tejido social y la actividad económica de regiones enteras.
Ante estos escenarios, los comerciantes agraviados son más vulnerables mientras más pequeños son y menos organizados están. Por ello, aún el ambulante más modesto, sabe que estará más seguro si su “líder” pacta con el grupo extorsionador para pagar el “impuesto”, que muchas veces fusiona a la autoridad con el criminal.
Por ello, hay muchas acciones organizativas y administrativas que se requieren hacer en nuestro país para reducir este delito. Listo tres ideas:
1. Que los gobiernos locales incentiven la organización gremial. Las cámaras empresariales con áreas de cabildeo fuertes, regularmente no atienden a las #Pymes, ya sea porque éstas no ven beneficios o las cuotas para acceder son altas. Por ello, los gobiernos locales podrían facilitar la organización, diseñando registros para que se conozcan las pymes y puedan organizarse por territorio o actividad económica.
2. Reducir el manejo de efectivo. La bancarización de nuestra economía es fundamental para obstaculizar el cobro de las extorsiones. Rastrear el origen y destino del dinero por medios digitales es mucho más rápido y fácil de identificar que en efectivo. La inclusión financiera en el mundo no va por tener más sucursales y cajeros automáticos para retirar billetes, va por realizar todas tus operaciones desde tu celular. Hay países en donde el manejo del efectivo prácticamente se ha erradicado. Regularmente, también son las naciones más transparentes en su gestión pública y con casos mínimos de extorsión. Tenemos que poner piedras por todos lados para desincentivar el uso del dinero en efectivo.
3. Facilitar y obligar a registrarse en el SAT a toda persona que desee abrir una cuenta bancaria. Para ello, debemos transitar a un sistema en donde el mismo SAT y las instituciones bancarias, ya sea en oficinas públicas, sucursales bancarias o por aplicaciones móviles, puedan inscribir a las personas, generando incentivos positivos (descuento o exención de pago de impuestos) o restrictivos (no expedición de licencias de conducir, pasaportes, etc).
Si la organización gremial aumenta, se reduce el manejo de efectivo y aumenta la formalización de los agentes económicos, se multiplicarán los obstáculos contra la extorsión. Se puede cambiar nuestra realidad. Nos urge y lo merecemos.