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Columnas
El ambiente preelectoral anuncia golpe de Estado suave, su fracaso dependerá de la participación ciudadana en las urnas. Si es copiosa la asistencia a votar, el fantasma del golpe se alejará.
En toda democracia la importancia del nombre de partido o medios, tienen peso pero no contrapeso; voz pero no voto; derecho a participar en la vida política pero no influir. La oposición alquila medios para aparecer y parecer mayoría. Al no reconocer la oposición que es minoría hace que crean que tienen credibilidad y los usan indiscriminadamente. A su vez viven una redituable mutación de contenidos desde hace siete años, de difusión de información a la descarada propaganda político-partidista.
La guerra de desgaste es la primera parte del golpe de Estado suave, tiene que ver con la denuncia de supuestos actos de corrupción, como ocurre en la conferencia matutina de la Presidenta, una vez superada la etapa de la guerra sucia, se procede a provocar y violentar.
La oposición alquila medios resentidos con el gobierno por el retro de su subsidio, para agredirlo. Sabe que no ganará, pero mientras menor sea la diferencia de votos, mayor será la posibilidad de concretar el golpe. Así sucede en Veracruz, donde habrá elecciones en un par de semanas. Laboratorio ideal para el ensayo general de un golpe de Estado a nivel nacional, saben que cuentan con una prensa dócil y ambiciosa. La experiencia en las elecciones del año pasado, muestra que sólo basta dar a conocer un rumor, para que el resto de los medios hagan de una sospecha un hecho consumado contra el gobierno de Rocío Nahle. A quien no dejan trabajar, que es la segunda parte del golpe suave. Consiste en sabotear el desarrollo del gobierno, provocando violencia en las calles e infundiendo miedo desde los medios para inhibir la participación. Violentando calles y asesinando.
Así, cualquier investigación sobre los responsables de esa guerra sucia la definen como atentado a la libertad de expresión, y si hay culpables, la oposición lo denomina persecución política y actos de represión.
La desesperación de algunos medios sostenidos económicamente y fortalecidos ideológicamente por asociaciones de Estados Unidos, muestran su verdadera cara ante el retiro del subsidio enviado por el Departamento de Estado a través de asociaciones y que Trump, retiró a medios mexicanos.
Los medios golpistas se radicalizan crean escenarios, elaboran montajes, falsifican documentos para mostrar que la corrupción campea en el gobierno y sus candidatos y, en la complicidad, construyen una elección de Estado.
Ya se les retiró el subsidio del gobierno federal y el estatal y municipal deberían hacer lo mismo, están a punto de quebrar pero afirman tener fuerza y credibilidad. Tienen pocas alternativas: trabajar para sobrevivir o afiliarse a algún partido de oposición para que pague los gastos de sobrevivencia.