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Grupos de élite del narcotráfico y desertores

Grupos de élite del narcotráfico y desertores

Columnas miércoles 16 de junio de 2021 - 01:00

Josué Ángel González Torres

En México, el surgimiento de grupos de élite del narcotráfico parece ser cada vez más común y su impacto parecer estar cada vez más “normalizado”. La semana pasada circuló en redes un vídeo que muestra a supuestos integrantes del CJNG con equipo táctico y armas largas, quienes anuncian su llegada a Naucalpan y refieren hacer una limpia contra los policías que protegen a Néstor Arturo López Arellano, (a) El 20, líder narcomenudista en la zona. Esto representaría no sólo la operación del CJNG, sino la irrupción violenta a través de un grupo fuertemente armado y posiblemente con alta capacidad de despliegue operativo en Estado de México y Ciudad de México.

Sin embargo, este hecho no es nuevo, basta recordar que a mediados de julio del año pasado, una serie de vídeos muestran al “Grupo Élite Fuerzas Especiales” también del CJNG, quienes buscaban disputar el terreno al Cártel Santa Rosa de Lima, en Guanajuato. En el vídeo es posible observar más de 20 vehículos pixeleados en tonos militares (con blindaje profesional y artesanal), aproximadamente 70 sujetos vestidos con equipo táctico y más de 80 armas entre cortas y largas, entre las que destacan 1 ametralladora antiaérea, 9 ametralladoras de diversos calibres, 10 fusiles barret, 54 fusiles de asalto y 6 lanzagrandas.

Tal vez el grupo de élite que ha tenido más impacto en la historiografía moderna de la delincuencia organizada fueron Los Zetas. Surgieron a inicios de la primera década del nuevo milenio como grupo de protección de Osiel Cárdenas Guillén, entonces líder del Cártel del Golfo. Inicialmente se conformó por 36 integrantes, que incluía a más de 25 desertores de las Fuerzas Armadas, además de algunos expolicías de estatales y municipales de Tamaulipas. Se trata del grupo de desertores con mayor impacto en términos de violencia en la historia moderna del tráfico de drogas en el país. Introdujeron al competitivo mercado del tráfico de drogas ilícitas, la disciplina militar, la capacidad de fuego y el despliegue logístico y operacional de naturaleza castrense.

Lo anterior evoca como tema central de discusión la necesidad de comprender de dónde proviene el personal que compone estos grupos y también plantea la necesidad de discutir la deserción de elementos de las dependencias de seguridad y de defensa en el país.

Por ejemplo, de acuerdo con información oficial de la SEDENA, entre 2000 y 2016, habrían desertado más de 148,990 elementos de la institución castrense. De este total, 147 mil 473 pertenecían a tropa, 1,464 eran oficiales y 53 mandos altos. Mientras que en la actual administración en los primeros tres años se han rescindido cerca de 12 mil contratos, 98% de éstos de soldado.

Por su parte, cerca de 12,152 elementos de la extinta Policía Federal causaron baja mediante el pago de indemnización para no pasar a formar parte de la Guardia Nacional. Si bien el gobierno federal ofreció once alternativas laborales para los expolicías, éstos decidieron no tomar las ofertas y no formar parte de la nueva institución.

A nivel de las pendencias locales, tanto estatales como municipales, no existe información sistematizada y pública sobre el número de elementos que habrían dejado las instituciones de seguridad durante los últimos años. Esto es un tema por demás preocupante en el contexto actual.

En ese sentido, como cifra conservadora, se podría sostener que en los últimos veinte años habrían dejado las filas de las instituciones de seguridad y defensa cuando menos 172 mil integrantes. Esto implica diversas preguntas, ¿Cuál es su paradero? ¿A qué se dedican? ¿Sería posible ubicarlos?, etc. Se debe resaltar que es personal con manejo de armas, amplio conocimiento operativo y de funcionamiento institucional, y que ha dedica su vida laboral a desarrollar conocimientos especializados.

Difícilmente a la mitad de su vida productiva buscarán incorporarse a sectores profesionales nuevos. Así, los elementos tienen tres opciones fundamentalmente: 1) formar parte de las instituciones de seguridad estatales o municipales, 2) migrar a la seguridad privada o 3) unirse a las filas del crimen organizado.

En los últimos años, organizaciones como Los Zetas, el Cártel del Golfo y el CJNG han hecho campañas abiertas para el reclutamiento de ex militares y ex policías. En 2008, el Cártel del Golfo ofrecía en narcomantas salarios competitivos, seguro de vida, vivienda y automóviles. Más recientemente, en 2019, el CJNG buscó reclutar a partir de una convocatoria que tenía como eslogan “aquí sí te valoramos”, dirigida a ex miembros de Policía Federal. Ante esta situación, es necesario plantear abiertamente el tema, debatirlo y proponer posibles medidas que mitiguen esta situación perniciosa.


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