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Guaidó, un año después

Guaidó, un año después

Columnas viernes 24 de enero de 2020 - 00:24

@infocracia
Hace un año, el 23 de enero de 2019, en la madrileña Puerta del Sol, presenciamos una manifestación de venezolanos. La multitud guardó silencio para escuchar en directo, desde Caracas, la voz de un joven diputado prácticamente desconocido hasta entonces.
Juan Guaidó se proclamaba ese día como presidente interino de Venezuela, y en una secuencia muy rápida, recibió un gran reconocimiento internacional, en contraposición a la ilegitimidad que acompaña a Nicolás Maduro desde que se hiciese reelegir en mayo de 2018 mediante unas elecciones hechas a su medida y fuera de ley.
Guaidó hizo público entonces lo que más tarde devino una suerte de mantra: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. Un año después, el control del país sigue en manos de Maduro, quien tiene dominio de las rentas del Estado, de las instituciones públicas (con excepción de la Asamblea Nacional) y, tal vez lo más significativo, tiene el respaldo de las Fuerzas Armadas, que han demostrado su capacidad represiva para sostenerlo en el poder.
Un año después, está claro que Guaidó no desencadenó la transición democrática tan esperada en Venezuela. No se produjo lo que había sido su apuesta y la de Washington: lograr el quiebre del respaldo militar a Maduro. Tampoco funcionó la apuesta europea, que Guaidó aceptó a regañadientes: el chavismo volvió a burlarse de un proceso de negociación que tuvo lugar en 2019 con mediación de Noruega.
Ahora llegamos a un nuevo 23 de enero. Hoy Guaidó es una figura ampliamente reconocida en la comunidad internacional. Internamente, en tanto, pese a que decayó su popularidad, sigue siendo la principal referencia para un cambio democrático en Venezuela, como lo dejan en evidencia diversas encuestas.
Este año ha dejado en claro dos cosas. La transición no ocurrirá de forma mágica, en un abrir y cerrar de ojos, y tal vez lo que surja en primera instancia, si se logra desalojar a Maduro de la presidencia, sea un gobierno de coalición con chavistas descontentos y militares que en este momento le son leales al régimen.
Un segundo aprendizaje es que el papel de la comunidad internacional es importante, pero no necesariamente determinante para un desenlace, al menos no con la forma tan variopinta que fue la actuación extranjera sobre la crisis venezolana en 2019.
Un año después de su proclamación, Guaidó recibe este aniversario en medio de una gira por Europa, tras tener unas primeras reuniones con dos actores claves en cualquier escenario de cambio en Venezuela: Colombia y Estados Unidos.
Tras alcanzar una accidentada reelección como presidente de la Asamblea Nacional, y en medio de una política del chavismo que busca deslegitimar a este órgano, el único que hasta ahora no han controlado del todo, Guaidó deberá plantearle al país otra estrategia de cara a mantener viva la llama de la lucha democrática en 2020.

Esta gira internacional, una vez que concluya, debería también marcar un nuevo rumbo por parte de los actores internacionales que efectivamente quieren propiciar un cambio democrático en Venezuela.
Maduro sigue en el poder, un año después, y la responsabilidad de ello no se le puede achacar solo a los errores de Guaidó. Estados Unidos, América Latina y Europa también han fracasado al plantearse estrategias disimiles, sin crear un verdadero frente consensuado sobre cómo propiciar la transición.
El tiempo no juega a favor de Guaidó. Venezuela tiene ante sí meses decisivos para que se defina un cambio democrático o se profundice el autoritarismo.


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/CR

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