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Columnas
El escenario fue el estadio “Johann Cruyff” de Amsterdam, Países Bajos, donde se enfrentaron el club local Ajax y el Maccabi Tel Aviv de Israel, dentro de la Europa League. El marcador final fue un contundente 5-0 a favor del Ajax. Pero el encuentro en sí resulta irrelevante; una vez afuera del inmueble y en las calles céntricas de Amsterdam se armó el rifirrafe, la rebambaramba, el quilombo, la zacapela: cientos de aficionados neerlandeses de origen árabe y no árabe se lanzaron furiosamente contra los israelíes y les propinaron una paliza que dejó a varios de ellos heridos. La policía antidisturbios intervino y realizó casi sesenta arrestos. Rápidamente la noticia se difundió a nivel mundial como un artero y criminal ataque antisemita. Los políticos europeos, entre ellos Emmanuel Macron, Úrsula Von Der Leyen y Pedro Sánchez, salieron a expresar su condena total ante los hechos. El mismísimo rey neerlandés emitió un comunicado en el que decía: “Le fallamos a la comunidad judía de Holanda durante la Segunda Guerra Mundial y anoche lo hicimos de nuevo”.
Pero hete aquí que no todo es lo que parece, hay que mirar el contexto de los acontecimientos: el día anterior al partido de marras los aficionados del Maccabi marcharon por el metro y las calles coreando cánticos de odio genocida: “Eliminemos a los árabes” y este otro, verdadera apología del crimen: “No hay escuelas en Gaza porque todos los niños están muertos” (¡!). Allanaron propiedades y arrancaron banderas palestinas. Atacaron a personas de aspecto árabe. Agredieron a varios taxistas y vandalizaron sus vehículos (todo quedó registrado en video). Pero hay más, previamente al encuentro se pidió un minuto de silencio para honrar la memoria de los fallecidos en las terribles inundaciones de Valencia y los hooligans israelíes continuaron sus cánticos racistas sin inmutarse, e incluso arrojaron cohetones y bengalas mostrando un desprecio absoluto por el dolor ajeno.
La violencia se detonó cuando los hooligans israelíes quemaron una bandera palestinadespués del juego; muchos neerlandeses de origen árabe no aguantaron más y se lanzaron contra ellos con palos. Lo demás ya lo sabemos, condena unánime al antisemitismo y a los intentos de revivir el holocausto. Claro que es condenable la violencia, pero en este caso, y en muchos otros, es violencia efecto de una violencia. No fueron atacados porque son judíos, no, sino por lo que hicieron. Es seguro que no habría ocurrido nada sin el comportamiento de los hooligans del Maccabi que aterrorizaron a una ciudad con total impunidad (el gobierno sionista envió dos aviones para rescatarlos).
¿Es aceptable este tipo de manifestaciones racistas y abiertamente criminales en un estadio? ¿Acaso la vida de un palestino vale menos que la de un israelí supremacista y genocida? Estos pseudo aficionados deberían ser vetados de por vida para asistir a un partido, lo cual no sucederá, porque basta con esgrimir el viejo y confiable antisemitismo para obtener carta blanca para cometer cualquier atrocidad sin recibir castigo alguno. En fin, de lo único que estoy seguro, es de que el pueblo palestino prevalecerá.