La salida de Iberdrola de nuestro país es un paso atrás en el sector energético mexicano, por más que se trate de justificar con el argumento de un nacionalismo trasnochado, de otras épocas, que fomenta los monopolios paraestatales, una era que se supone el país ya había superado.
Iberdrola salió del país, tal cual, dejó un resquicio en el mercado de la sustentabilidad, por si algún día no solamente termina la animadversión del gobierno mexicano independientemente del color de que se trate, sino además se concientiza y termina por entender que la gran apuesta del futuro está en la sustentabilidad.
La salida de Iberdrola del mercado mexicano es un paso atrás para México; este tipo de empresas no se posicionan en mercados donde no ven futuro, nuestro país tiene potencial, pero no necesariamente habrá éxito, el potencial es una cosa pero para alcanzarlo faltan muchos otros factores.
Iberdrola no terminará su negocio por dejar un país, por el contrario, se nota que fue una decisión profundamente reflexionada, no había mucho sentido para seguir en un contexto de agresión y acoso constante desde lo más alto del poder.
Y decíamos que el negocio de la empresa no se terminará, de hecho esta decisión no fue visceral, no se tomó de un día para el otro, es algo que se decidió meses antes y que culminó con la venta de sus plantas de generación de electricidad al propio gobierno mexicano en una operación que absurdamente se consideró como “una segunda nacionalización”, cuando además de ser una operación de compra-venta, quedó en la opacidad, sin quedar claro de dónde saldrán los 6 mil millones de dólares para pagar las plantas adquiridas.
Ganó Iberdrola porque vendió bien sus activos, deja un país en el que no tenía futuro cuando menos en los próximos dos años y todo indica que no lo tendría por lo que resta de la década si las tendencias políticas actuales perduran, como hoy muestran todos los datos disponibles.
Perdió México porque sin las operaciones de la tercera eléctrica más grande del mundo; perdió porque se dejarán de invertir recursos esenciales para la industria y para el desarrollo nacional; perdió porque la tecnología del futuro tendrá que esperar para otras épocas en nuestro país y con ello el desarrollo se pospondrá.
Ganó Iberdrola porque dejará de invertir recursos que iban a una especie de “barril sin fondo” para destinarlos a otros destinos que sí generarán rentabilidad y para actividades de investigación y desarrollo con miras al futuro.
Tan ganó Iberdrola que apenas unas horas después de anunciar en los hechos su salida de México, hizo otro anuncio de verdad relevante que muestra parte de su estrategia futura, dejando de lado el capítulo México.
Así, Iberdrola ha pisado el acelerador para la adquisición de PNM Resources con la intención de crear un gigante de 40 mil millones en Estados Unidos.
De este modo, la eléctrica sigue dando los pasos necesarios con la intención de cerrar un acuerdo antes del próximo 20 de abril, esa es la fecha en la que finaliza la prórroga que ambas empresas se dieron pasado el 3 de enero de 2022 para cerrar la operación, que supondría un broche de oro para la renovación de la junta directiva en la junta que la eléctrica celebrará el próximo 28 de abril en Bilbao.
La venta del negocio en México facilitaría así mismo los planes de inversión de la eléctrica en PNMR. Tras la venta de las 13 centrales pactada el pasado martes la compañía tendrá que decidir ahora su ritmo inversor en el país, que había dejado prácticamente en suspenso los últimos años.
Según algunos analistas, en la decisión de realizar esta desinversión en México puede haber influido la visión del actual gobierno de México sobre el modelo energético del país (que perjudicaría a las compañías privadas de generación). Y es un hecho que la operación encajaría también dentro de la estrategia de Iberdrola anunciada en su Día del inversor de noviembre 2022.
La salida de Iberdrola es una mala noticia para México; dicen quienes saben del mercado eléctrico que una cosa es tener las fuentes de la generación de electricidad y otra es ser eficientes.
Un argumento del gobierno consiste en que con la compra de las plantas a Iberdrola se garantiza que no habrá aumentos al costo de la luz, eso es algo que estaba garantizado desde antes porque se trata de una decisión política más que económica, es algo similar al costo de las gasolinas, prácticamente lo mismo.