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Igualdad, libertad y justicia

Igualdad, libertad y justicia

Columnas lunes 16 de noviembre de 2020 - 00:45

Por Armando Hernández

La concepción moderna del estado democrático ha pasado por diversos periodos históricos en los que han ido cobrando fuerza diversos valores que proporcionan un sustento filosófico para explicar y justificar la existencia de este modelo de organización social.

La ilustración y la revolución francesa, posicionaron algunos de esos valores, bajo el famoso lema: "libertad, igualdad y fraternidad".

Desde la consolidación del modelo de estado democrático moderno, se atribuyen a éste ciertas características propias, casi como si se tuviera que seguir una "receta." La división de poderes, la protección de los derechos humanos, la existencia de elecciones libres y auténticas para la renovación periódica de los poderes públicos de elección popular, y más recientemente la transparencia y el incremento de la representación política de las mujeres, son indudablemente componentes indispensables en los estados democráticos en el mundo actual.

Pero todos estos elementos encuentran su razón de ser, en el desarrollo de los valores fundamentales de libertad, igualdad y justicia.

El estado democrático moderno nace como un estado liberal. La función del "estado gendarme," que tiene como deber el "dejar hacer y dejar pasar" (no intervenir en la vida privada, ni en la economía) era precisamente garantizar las libertades individuales a toda costa. A menor acción del estado, mayor libertad. Pero esa noción de estado fue contrastada posteriormente por el modelo de estado social, o estado beenfactor (welfare state) que implica mayor intervención del estado, incluyendo su participación como agente económico, para garantizar condiciones de bienestar en la sociedad (A mayor intervención del estado, mayor bienestar general).

Por su parte, el discurso histórico de la igualdad busca cuestionar privilegios artificiales creados o reconocidos por el estado. No se trata propiamente de igualar a seres que no lo son por naturaleza. (Ninguna persona es realmente igual a otra.) Incluso alguna parte de ese discurso ha evolucionado hasta nuestros días, hacia la búsqueda de protección de la identidad individual única e irrepetible, fundamento de teorías como la del derecho a la diferencia, y cierta parte del discurso sobre tolerancia y respeto a la otredad.

Tratar "igual a los iguales, y desigual a los desiguales" es una idea aristotélica que fundamenta hoy en día uno de los modelos de justicia colectiva, que se conoce como "justicia social" (o justicia distributiva).

La igualdad no significa que todas las personas tengamos los mismos derechos. La sola existencia de los derechos sociales, que son atribuidos solamente a las personas que pertenecen a un determinado grupo social, echa por tierra esa idea.

Igualdad tampoco es sinónimo de generalidad de la ley (es decir, que la ley se aplique "por igual" a todas las personas que se encuentran en la misma hipótesis normativa).

Flor de Loto: El estado democrático moderno se constituye como "liberal" o "social".



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/CR

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