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Inframundo inmobiliario.

Inframundo inmobiliario.

Columnas martes 11 de febrero de 2020 - 01:18

Decir que el modelo de desarrollo inmobiliario del Valle de México y la zona metropolitana fracasó durante la última década, es quedarse cortos. No es tan sencillo; tampoco, culpar totalmente a los gobiernos o a los desarrolladores. Los primeros responden a un horizonte político de muy corto plazo. Especialmente los alcaldes y presidentes municipales, duran 3 años y el último año lo dedican a hacer campaña para otra cosa, o para circular su currículum. A través de las generaciones se transmite la cuestionable sabiduría de que la casa que uno habita es “la mejor inversión” o “tu patrimonio” y desplantes emotivos del tipo que no resisten el análisis financiero más básico.

Lo anterior provoca que el mexicano promedio esté dispuesto a endeudarse en la magnitud que sea, en los términos que sean necesarios, para obtener un crédito hipotecario, que de ninguna manera tiene la certeza de poder pagar cuando lo contrata, ni falta que le hace. Porque en su inconsciente, y en el de su círculo social, no está contratando una deuda a largo plazo; está “sacando su casa” o “su casita” en los casos más melosos.

Los precios de las zonas bien comunicadas de la ciudad ya son privativos hasta para algunos ricos. El simulador de créditos de la CONDUSEF nos ilustra, con franqueza, que con una hipoteca terminaremos pagando el doble del valor de la casa. Sumado lo anterior a esta convicción de que hay que hacerse de una casa como sea y donde sea, llevó al mercado inmobiliario a hacer desarrollos enormes en áreas alejadas de los centros financieros y económicos, una especie de suburbios a la mexicana, pero sin la conectividad suficiente para ser considerados tales. A diferencia de su símil norteamericano, estos desarrollos en alcaldías alejadas del centro y algunos municipios mexiquenses, como Tecámac y Zumpango, ni contaban con los servicios básicos necesarios ni con las vías primarias de comunicación necesarias para que los habitantes de las nuevas casas vivieran ahí y llegaran diario a sus trabajos en el sur o centro de la capital.

La consecuencia es que hoy, esas alcaldías y municipios colindantes con la metrópoli, se han convertido en pueblos fantasma. Frecuentemente salen a la luz historias de personas que “aprovecharon su crédito” para comprar una casa donde iba a pasar el tren suburbano, o una nueva línea de metro, o lo que sea. Pero no sucedió, porque cambió el gobierno, y a los seis meses tuvieron que abandonar su casa, dejaron de pagar el crédito, el banco no sabe qué hacer con esos inmuebles que nadie quiere, y ahora el crimen organizado las utiliza como casas de seguridad, porque cuando abandonas todas las viviendas de una cuadra, los delincuentes llegan solos.

Analicemos con cuidado el párrafo anterior, que fue extraído de historias reales de las últimas semana. El que esté libre de contribuir con su conducta a la esquizofrenia del mercado inmobiliario, que tire la primera piedra.
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/CR

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