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Jojo Rabbit

Jojo Rabbit

Columnas jueves 23 de enero de 2020 - 02:15

La sátira y la ironía son terrenos complicados de sobrellevar sin importar la vertiente artística en la que se piensen implementar: música, literatura, cine, etc. Debido a que tanto la sátira, como la ironía e incluso el sarcasmo buscan ser una burla mordaz acerca de algo pero no de la misma manera y por ello resulta tan sencillo de mezclarlas.
Taika Waititi había demostrado ser bastante bueno en la comedia, y no lo digo solo por fantástica What we do in the shadows -falso documental sobre de un grupo de vampiros en la actualidad- , sino también por su mini serie para HBO Fly of the Conchords, en la que un par de amigos músicos neozelandeses viajan a Estados Unidos en busca de fama y fortuna.
En Jojo Rabbit nos muestra la historia del pequeño Jojo Betzler, un chico alemán de diez años que forma parte de las fuerzas infantiles del ejército Nazi y para ello es adiestrado junto con otros niños en pequeños campos militares como si se tratara de retiros para Boy-Scouts. Jojo es un fanático Nazi, tan es así que su amigo imaginario es el mismo Adolt Hitler- representado por Waititi- quien le aconseja y escucha siempre, provocándole más daños que beneficios. Su sueño es llegar a ser el guardia principal del verdadero Hitler.
No es la primera vez que se parodia a la figura de Hitler y sin inmutarme la mejor ha sido la de Charlie Chaplin en El Gran Dictador (1940) en donde Chaplin hacia mofa desde la ironía o en épocas más recientes el filme alemán Ha vuelto (David Went 2015), en donde se sitúa a Hitler en la época moderna convertido en un parapeto del Marketing siendo una burla del personaje y de la sociedad. Sátira e ironía.
Waititi decide retratar a su personaje desde la parodia, ni sátira ni ironía, parodia, en un filme que por otro lado se toma demasiado en serio, siendo la parodia un género más burlesco que los anteriores no cuadra cuando de reojo vemos soldados malheridos y niños mutilados por la guerra y en medio de esto un discurso antibélico que surge de la amistad entre Jojo y una joven judía y lo cual es lo más rescatable del filme.
No son pocas las críticas que han alabado lo políticamente incorrecto del filme, que a mí no me lo parece tanto, burlarse de un personaje fallecido hace más de cincuenta años caricaturizándolo, cuando Chaplin lo hizo en pleno 1940, no me resulta tan transgresor como quieren retratarlo. Por otro lado por más que Waititi lo quiera él no es Wes Anderson, ni copiando sus encuadres simétricos o haciendo intento por imitar sus diálogos profundos. Waititi hace una comedia simplona y cobarde sin arriesgarse para no herir susceptibilidades.






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/CR

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