Se cumplieron en marzo de dos mil veintiuno, cien años de la tragedia de Kronstadt (1-18 de marzo 1921). Dentro del imaginario comunista, el alzamiento de los marinos, quedó inmortalizado en el famoso motín de la flota del Mar Negro, Crimea, en la primera revolución rusa (1905), cuando Einsestein crea esta maravillosa obra fìlmica, en donde los marinos se amotinan contra los oficiales aristocráticos de la flota imperial, cansados de sus abusos y de su clasismo. Efectivamente, una de las causas del alzamiento, se debió a la profunda contradicción del universo imperial, y el de una población campesina, en un mundo que no logró realizar los idearios desarrollistas de la implantación del modelo capitalista en la Rusia imperial.
El realismo del filme, promotor de la ideología que finalmente se constituirá en el movimiento revolucionario posterior (1917-1921) -y que ya significa propiamente la implantación comunista en el viejo imperio ruso-, no cuenta la historia de otros marinos amotinados: los del Báltico, en la capital zarista.
El alzamiento de los marinos en Kronstadt, sede de la flota imperial del Mar Báltico, justo a la entrada marítima de San Petersburgo, fue un motín no contra la aristocracia imperial, sino contra el supuesto régimen amante del pueblo, que en su nombre llamaba a la lucha de clases. Hay que recalcar, que a la manera de la propaganda del cine soviético de Einsestein, los marinos apoyaron a la revolución bolchevique con total entrega, al igual que diversos sectores de la sociedad, y cuya filiación les costaría muy cara.
Lenin impone a su amado pueblo, una contribución para solventar la guerra: toda semilla pasaba a control del estado, y quien las retuviera, no solo se enfrentaba a la confiscación, sino también al fusilamiento ipso facto por miembros armados de los soviets locales. Evidentemente los directamente afectados fueron los campesinos, que de esta manera se quedaron sin semillas para cosechar o simplemente fueron fusilados. En un país fundamentalmente agrícola, semejante política generó una de esas crisis económicas que solamente los sistemas populistas son capaces de generar, y lo peor de todos, una hambruna que mató entre 1919-1921 a siete millones de campesinos.
Los marinos eran hijos de esos campesinos asesinados por Lenin, y las consecuencias, enterados de lo que los líderes del pueblo hacían con su propio pueblo, fue el alzamiento de la flota. Trotsky, otro ícono revolucionario, carnicero en jefe del ejército rojo, tuvo la misión de bombardear Kronstadt y fusilar a todos los marinos amotinados en contra del que se decía su amado padre. Los fanáticos les cobran a sus hijos los intereses de su toma de conciencia, y la brutalidad solo es saldada con la calumnia, la sangre o el olvido.