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LA JUEZ Y EL BEATO

LA JUEZ Y EL BEATO

Columnas martes 13 de octubre de 2020 - 00:15


Quienes somos católicos tenemos nuestros santos preferidos. Nos han acompañado desde niños y en los que depositamos nuestros problemas, pero sobre todo nuestra fe. Los milagros los hace Dios y es a través de su intercesión que nacen y se dan estos regalos de vida. De niña recuerdo que por mis padres era devota de San Judas Tadeo. Le rezaba a esa estampita que de tanto uso quedaba gastada. Nunca pensé conocer a un santo y eso sucedió la primera de cuatro veces que vi a Juan Pablo II. Era la audiencia de los miércoles en la sala Paulo VI. Su vestimenta papal era de un blanco espectacular, pero sobre todo por la luz que desprendía. Su caminar era lento, ya lucía un poco encorvado; en una mano tenía un rosario, en la otra una libreta que usamos los reporteros donde apunté todo. Fue una emoción que en verdad me llena el corazón y el alma de solo irme a ese capítulo de mi vida y compartirlo aquí con ustedes.
Es por eso que ahora en el que vivimos inmersos en las redes, tecnología, el “Tik Tok” para los chavitos, me queda claro que Dios siempre se hace presente, y digamos que uso el “software 2020” para tener una herramienta más de comunicarse con nosotros. Nunca pensé que se hablara de un beato –que está en camino a la santidad– que fuera el “Patrono del internet” porque Carlo Acutis desde pequeño sintió el llamado de Dios, y el usó las herramientas a su alcance para crear un sitio donde hablaba de los milagros ocurridos en todo el mundo. Carlo podía presumir de unas 50 mil visitas semanales, usaba la tecnología para hablar de Dios. Su mamá Antonia Salzano recuerda en una entrevista para el diario italiano La Repubblica que su hijo le decía en tono de broma: “No me disgustaría en convertirme en santo, pero no como San Francisco de Asís porque él sufría de muchas incomodidades”. Ahora niños y jóvenes tienen en el cielo alguien como ellos en quien depositar su fe. Carlo, además de las estampitas, está en el lugar donde se sentía tan cómodo, en las redes e internet los beatos, también se modernizan.
Hay otro escenario del pueblo de Asís a Washington D.C donde el que una mujer sea una ferviente católica ha prendido las alarmas. Es la juez Amy Coney Barret que hoy y mañana continuará con sus audiencias de confirmación en el Senado para ocupar el lugar del icono de la justicia. "He sido nominada para ocupar el asiento de la jueza Ruth Bader Ginsburg, pero nadie ocupará nunca su lugar”. Amy trató de calmar las voces que la han tachado de conservadora al decir “En cada decisión que he tomado lo he hecho siempre basándome en lo que dice la ley, y no en mis convicciones personales”. Lo cierto es que el mundo necesita jueces que se pongan en los zapatos de los necesitados y santos que entiendan el mundo en el que nos movemos y ahí están la juez y el beato.
Twitter @lauperezcisnero.


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/CR

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