El grado de sumisión y lealtad que tiene la Suprema Corte de Justicia de la Nación, (SCJN), no alcanza para tapar los escándalos que a diario se ciernen sobre el partido Morena, especialmente, los integrantes de la cúpula.
Tampoco alcanza la persecución por consigna que han emprendido los ministros que comanda Hugo Aguilar Ortiz, en contra de uno de los empresarios más destacados del país, Ricardo Salinas Pliego, desde que éste aceptara que es un serio aspirante a la candidatura presidencial del 2030.
Con tal de que este hostigamiento por parte de la actual administración en contra del presidente de Grupo Salinas funcione, a los ministros de la SCJN, especialmente Lenia Batres ni siquiera les preocupa violar la Constitución mexicana; tal parece que el objetivo es arremeter en contra del empresario hasta arrinconarlo y obtener los recursos que el gobierno tanto necesita para cubrir parte de los programas sociales o para dar un poco más de vida a un cadáver: Pemex.
El problema para los nuevos y cuestionados integrantes de la Corte, es que llegaron a lo que era, sí, era, el máximo Tribunal de la Nación porque dejó de ser el árbitro imparcial que históricamente fue, con una inmensa carga de trabajo, especialmente en lo que respecta a temas fiscales, con lo que denotan que van también por la obtención de recursos al precio que sea.
Lo anterior ha puesto a temblar a los empresarios y productores mexicanos, desde las PYMES porque se coarta la libertad económica, amén de que esta nueva SCJN, se han dado a la tarea de hacerle la chamba al Sistema de Administración Tributaria, (SAT) en lo que respecta a lo recaudatorio, utilizando la fórmula de mezclar lo fiscal con la política y con tanta lealtad y tan escaso conocimiento, esto no va a funcionar y una prueba de ello son los temores a nivel mundial por la revisión del TMEC; que ya no exista la independencia del Poder Judicial y la manera en que se afectarán tratados internacionales.
Además, los escándalos que a diario surgen en el oficialismo, por destacar algunos: Miss Universo, Grupo Minsa, la Barredora y una larga lista, no pueden ser cubiertos por la campaña de acoso en contra de Ricardo Salinas Pliego, quien ha asumido una actitud firme al reiterar que la Corte actúa con un preocupante sesgo político, de forma amañada y selectiva y que por más que intenten intimidarlos y acallarlos, “no lo van a lograr”.
La Corte tiene en la mira otro asunto: la posibilidad de intervenir en litigios fiscales multimillonarios como lo ejemplifica el caso FEMSA y lo peor es que no le importa si expedientes como este implican o no un análisis de constitucionalidad.
Ya el propio Salinas Pliego en su momento lo advirtió: la Corte a modo va por otras empresas.
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