Escrita por Edna Walsh y dirigida por una triada de directoras y directores, la Casa es una antología que tienen como eje rector la casa misma que a la par de los personajes principales, cuenta con carisma, fuerza y vida.
La ansiedad que viene con una casa es un tema poco citado en el cine. El sueño de tener una casa parece ignorar siempre la neurosis y desesperación, por el control de esta o en el caso del primer cuento llamado: “Y se teje una mentira que se oye internamente”, por mantenerla.
Un matrimonio que vive en el bosque recibe la visita de la madre castrante y enfermiza del jefe de familia, tras la verborrea progenitora y la humillación por su hogar humilde, se envalentona y firma un acuerdo macabro con un arquitecto demoniaco. De un día para otro, el jefe de familia muda a su esposa e hijas a una casa y la cual de inmediato convierte a los poseedores en zombis sin alma que solo viven para trabajar. Cualquier parecido con los créditos hipotecarios no es mera coincidencia.
El segundo cuento: “Entonces se pierde la verdad que no puede negarse” mantiene la casa más no a los poseedores. La época ha cambiado. Un roedor antropomorfo trabaja como agente inmobiliario intenta vender la casa, la cual por algún motivo nunca esta impecable; la neurosis de este parece no ser de importancia para los posibles compradores que, cual pesadilla Kafkiana, ignoran las súplicas del vendedor convirtiéndolo en un ser destruido y también como el matrimonio anterior, sin alma.
Fábulas bastante difíciles de digerir debido a que los relatos no se cortan en ningún momento, revuelcan a nuestros personajes y no los suelta o ¿será caso que son ellos los que no quieren soltar el espiral de dolor, incomodidad y sufrimiento? El tercer relato no es carente de estas situaciones, pero tiene la particularidad de brindar cierta calma al final del mismo.
Vuelve a escuchar y busca el sol. La actual dueña vive en un constante estrés por las reparaciones y la negativa de los inquilinos por pagar la renta, aunque ignorando inconscientemente la inundación que amenaza de apoco con derrumbar le inmueble. A fuera todo es agua. La aparición de un místico personaje que en un primer momento no resulta grato, convierte el relato en un segmento filosófico grato y tranquilizador que funciona como catarsis para ella y nosotros, dando un fin introspectivo a la antología.
Gustavo Santaolalla y Jarvis Cocker cierran de manera musical el filme a modo de epílogo, que no desentona: “Esta casa es… no sé lo que es la casa, un hogar es un lugar en donde el amor y la vida pueden mezclarse, una casa es una colección de ladrillos”