Los años de 1853-1856 son paradigmáticos en la historia del Imperio Ruso, a cuyo frente se encontraba el Zar Nicolás I. El debilitamiento del Imperio Turco Otomano, no pudo mantener su fortaleza en las zonas orientales de Europa, de mayoría cristiana ortodoxa y pro rusa, pues la monarquía zarista se abrogaba la defensa del rito oriental ante la amenaza del islam turco. La decadencia turca, invitó a reconquistar los Dardanelos, Constantinopla y todos los Santos Lugares en Palestina, por entonces poseídos por la fe mahometana.
Las ambiciones de los Romanov, chocaron inmediatamente con los intereses de una Europa fiel a los principios del equilibrio de poderes, que proclama que ningún imperio trastoque los acuerdos tanto territoriales como militares, sobre todo posteriores a los Tratados de Viena, donde además de enterrar los principios revolucionarios, se pretendía evitar otro brote de inestabilidad expansionista en un continente perenemente enfrentado con sus nacionalismos. Hacia la mitad del siglo diecinueve, y con una montaña de rencores acumulados al oriente del Danubio, varios reinos resurgieron de su invasión. Grecia, Rumania, Bulgaria, Serbia (…). Siglos de opresión y violencia exigieron saldar cuentas, como se prolongaría hasta el siglo veinte, a costa de un Turquía que, al perder territorio y legitimidad, dejaba un hueco que la Madre Rusia pretendía llenar.
Inmediatamente se temió que el orden postnapoleónico se esfumara. Los imperios Francés y Británico, sumado al Reino Sardo-Piamontés, deciden intervenir ocupando tanto territorios en el oriente europeo, como en la conquistada península de Crimea, territorio ruso arrebatado a Turquía y que sería la mítica sede de la imperial flota del Mar Negro. Al conflicto por el predominio oriental se le conocería como Guerra de Crimea, con la intención de restablecer el equilibrio de poder en la región, evitando la desmesura rusa y proeslava, en una región que debía artificialmente mantener la posesión turco otomana.
La invasión occidental representó un reto sinprecedentes en la historia militar, pues ya comenzaba a demostrar el uso de la tecnología armamentística, con el desarrollo de la ciencia médica puesta al servicio de una campaña que se inclinaría por el lado occidental, derrotando al imperio ruso, con la toma del conjunto de fortalezas costeras en Sebastopol.
Crimea ha representado para Rusia el símbolo de su poderío Mediterráneo, pero también la tumba de heroicos defensores que lidiaron una invasión multinacional como aquella que poco tiempo después se pretendería hacer en México bajo protección francesa en 1861. Crimea, burocráticamente anexada a Ucrania durante el período Soviético, es uno de los grandes símbolos que se extendería por el Cáucaso. El sueño de Pedro y Catalina (los grandes) en donde Kiev, mítica ciudad de la más profunda Rusia, no puede sino ser parte de una historia poco estudiada por Occidente, siendo más que páginas de historia reciente.