Por supuesto que el proceso de transformación, conformado por un cimiento sólido, no se limita únicamente a realizar proyectos que vayan encaminados a mejorar la calidad de vida, sino a ir aterrizando en la acción. De eso nos hemos percatado todos aquellos que, con detenimiento, observamos la labor ardua que realiza la presidenta constitucional de México. Ella, como sabemos, comenzó a escribir su propia historia en Palacio Nacional luego del triunfo abrumador que obtuvo en los pasados ejercicios democráticos para la transición del ejecutivo federal. Dada la magnitud o el volumen de la votación, la jefa de Estado tiene una enorme legitimidad. Ese caso, en particular, ha rebasado algunos registros que promedió el mismo Andrés Manuel López Obrador en su momento. Esto quiere decir, a todas luces, que la administración tiene una inmensa conexión con todos los sectores de la población civil.
Vale la pena revisar los números que, en si, están hechos a la medida en proporción al trabajo que se efectúa. La cuarta transformación, lo dijimos, se conforma por una estructura integral con amplia participación de los funcionarios que son pieza crucial del armado. Con ese activismo, en efecto, se ha ido aprovechando al máximo la capacidad y, sobre todo, el recurso que se moviliza para atender las necesidades que aquejan. Todo eso, por lo relevante, se atiende a cabalidad en las distintas dependencias que conforman esta columna vertebral. Una de ellas, en definitiva, la Secretaría de Economía, en especial en una constelación de cambios globales a los que debemos adaptarnos para lograr las metas que se trazan.
La mejor determinación que tomó Claudia Sheinbaum, que fue de las primeras en aparecer en la opinión pública, fue el nombramiento de Marcelo Ebrard. A él, por el orden de los resultados, le hubiese tocado ser el coordinador de los senadores de Morena en el Senado de la República. No sabemos con exactitud el consenso o las negociaciones para realizar ajustes. Lo que sí es un hecho, está claro, es que la designación del excanciller, en un momento coyuntural donde se promueve un crecimiento, producto de ese trabajo irrestricto de la 4T, fue la mejor decisión que tomó Sheinbaum a sabiendas el rendimiento y la capacidad que le imprimiría. De hecho, hemos sido testigos de los alcances significativos a lo que hemos llegado con las estrategias que ha puesto en marcha Ebrard.
Uno de los pilares de este proyecto de transformación, que además viene implícito en este andamiaje de ideas de la presidenta constitucional, es el llamado Plan México. Eso, a detalle, juega un papel preponderante no solamente en los recursos que nuestro país produce en insumos, sino en la visión de extender los tratados comerciales con otros mercados. He ahí lo sustancial que ha sido promover la insignia Hecho en México. En efecto, este repunte que ha tenido el territorio en inversiones, sin duda, son los efectos que se perciben. El objetivo es, a grandes rasgos, mejorar la calidad de vida y optimizar las áreas de oportunidad que se han puesto de manifiesto a través de la innovación y la tecnología.
Esta semana, por ejemplo, se comenzaron a trazar los trabajos coordinados que hay con las entidades federativas que, como tal, son parte de ese flujo de transformación del Plan México. Eso lo explicó claramente Marcelo Ebrard desde Palacio Nacional. De hecho, estamos convencidos que el titular de la Secretaría de Economía, en el mejor momento de su carrera, es partícipe de este posicionamiento que tiene la nación a nivel mundial. Y él, que representa a una de las secretarías claves en el armado, se está robando los reflectores de la prensa, sobre todo acentuando su gran experiencia y madurez.