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@onelortiz
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En México, el destino de la justicia parece estar sujeto a un volado. Águila o sol. El Senado de la República, en un acto inédito, sorteó las magistraturas y juzgados que se elegirán el 1º de junio de 2025. El azar, con toda su caprichosa naturaleza, ha sido colocado al centro de un proceso que debe estar marcado por la transparencia y la meritocracia, no solo por la fortuna.
La vida es una tómbola, y la justicia, al parecer, también lo es. Este sorteo, que duró más de cinco horasllegó a buen puerto, pero evidenció las dificultades logísticas del proceso. Fue un recordatorio de lo accidentado que será el camino hacia la elección del próximo año. Las decenas de bolitas numeradas que se extrajeron una por una en la sesión del Senado no solo revelan lo complejo del procedimiento, sino también lo vulnerable que puede ser la justicia ante factores externos que deberían estar lejos de su esencia.
Este es apenas el primer momento donde el azar se presenta como protagonista en la elección judicial. El segundo llegará cuando los nombres de los candidatos se definan y aparezcan en las boletas, nuevamente a la merced de una dinámica que abre espacio a la incertidumbre y el conflicto. La oposición, no ha tardado en advertir que este sorteo podría ser impugnado, incluso por el PRI que asistió a la sesión, señalando la falta de garantías en un proceso que no tiene precedente.
El sorteo pone en jaque a los magistrados y jueces en funciones, quienes ahora se enfrentan a una difícil decisión: o bien se liquidan y se apartan del cargo, o bien se lanzan a competir en un proceso electoral con las reglas aún en contrucción. Para aquellos que no salieron sorteados, su futuro queda suspendido hasta 2027, tiempo suficiente para que el panorama político y judicial del país se transforme nuevamente.
Si bien el Senado ha defendido esta mecánica como un recurso para equilibrar la distribución de cargos, el simbolismo de poner el destino de los juzgados y magistraturas en manos del azar no es algo que deba tomarse a la ligera. La justicia, esa aspiración que tanto pregonamos como pilar de una sociedad democrática, no puede estar al vaivén de la fortuna. El país necesita una justicia que sea el resultado de decisiones claras, éticas y fundamentadas, no únicamente de sorteos.
El proceso electoral del 1º de junio de 2025 será, sin duda, un parteaguas en la historia judicial del país. El reto ahora es garantizar que, con todo y el azar, la justicia permanezca firme, imparcial y alejada de cualquier sombra de duda o manipulación. Eso pienso yo, ¿usted qué opina? La política es de bronce.