La oposición tiene el síndrome del demente que siempre negará su patología, y mientras no lo reconozca nunca se va a curar, al contrario. En la Cámara de Diputados se discutió el 17 de abril, entregar a la iniciativa privada 46 por ciento de la distribución de energía, la oposición se negó a aprobar y ahora sólo se les entrega el 10 por ciento a sus socios y amigos, pero dicen que ganaron.
Lo que se discutía es la diversidad del mercado de energía, pero como a ciegas rechazan lo que proviene del gobierno federal, esta vez no fue la excepción, y sus intereses quedaron castigados pudiendo ser recíprocos y equilibrados, pero la falta de vocación los lleva no sólo a rechazar lo que está a su favor sino a convertirse en un verdadero estorbo.
Por ejemplo, aseguran que cuando interponen un amparo para paralizar las obras públicas del sexenio aseguran que ganaron, cuando en realidad sólo pusieron pausa a los proyectos del sexenio que desde el aeropuerto Felipe Ángeles hasta el Tren Maya continúan, a pesar del sabotaje que quieren imponer.
Lo cierto es que la oposición no ha tenido triunfos ni en las urnas y prueba de ello fueron los resultados electorales del 5 de junio, donde ellos aseguran que ganaron. Cuando el PRI, uno de los integrantes de la alianza perdió su registro en Quintana Roo debido a la baja votación.
Aseguran que están unidos en su interior los tres partidos y no hay uno solo de los que integran la alianza opositora que no tengan divisiones serias en su interior, algunas de ellas a causa de la decisión de competir en alianza electoralmente.
En el PRI, tres de las muchas corrientes existentes pidieron la renuncia del líder nacional y de la secretaria general, Carolina Viggiano; Movimiento Líder, Plataforma PRI y Alianza Generacional, hay otros grupos, pero la mayoría no quiere a Alejandro Moreno en ese cargo.
Marko Cortés terminó por atomizar al partido y reducirlo a una centena de militantes que dictan la estrategia a seguir, la cual ha demostrado que no les funciona para tareas electorales. Cada día hay más panistas quieren que su líder deje el cargo y cada día hay menos panistas.
La percepción de la realidad distorsionada para hacer creer que hay fuerza se advierte desde lejos, el optimismo falso se vuelve fantasía y alucinación y la alianza se vuelve mentira. Si a esto agregamos que se trata de tres partidos políticos que ninguno de ellos puede aportar un líder, o, por lo menos un candidato común, encontramos otros grupos de diferente origen, sin ideología, sin líder, sin propuestas, sin candidato y sin futuro. Pero, eso sí, con un gran optimismo.
Son como tres menores vulnerables que temen salir solos a la calle.