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Columnas
Hasta el momento y desde hace más de 10 años, lo púnico que la población conoce de la ideología de la actual oposición es el objetivo de descarrillar la 4T. Sus propuestas se limitan al absurdo, como la de cambiarle el nombre al país o trata que se le reconozca a Fox la paternidad de los programas sociales.
Cuando un partido cuenta con la gran mayoría de los votos y su presidenta oscila entre los 80 puntos de aceptación, así que ninguna oposición puede pedir consenso sobre las decisiones del gobierno, Situación que, por cierto, nunca realizó ni el PRI ni el PAN cuando estuvieron en el poder. No es venganza es representación popular.
La democracia es consenso de representaciones, donde pareciera que la derecha no existe. La falta de preparación política de sus integrantes. No tiene politólogos ni siquiera como asesores y sus líderes desconocen la historia de las ideas políticas, poco puede debatirse con un contrincante de ese nivel, y menos aún darle generosamente la palabra cuando sabemos que acabará en un pragmatismo que nada tiene que ver con la realidad.
La oposición en general, prácticamente toda conservadora y algunas veces de ultraderecha, carece de capital moral. Su insistencia por mostrar un poder que no tiene es carcomida por la conducta delictiva de sus líderes, que, de no ser por el fuero, estarían en la cárcel.
La verborrea de la derecha tiene en su reiterada persistencia la intención de ocultar los delitos de sus integrantes, debe ser mayor la participación en tribuna y más continuas sus declaraciones en los medios, que las denuncias y aprehensiones de sus miembros para disimular la falta de moralidad en sus filas.
De esta manera, mientras más critiquen al sistema, mayores son los pretextos para argumentar persecución política porque quieren hacer de sus palabras una manera de provocar la censura en el gobierno. En esto, desde el sexenio anterior, el gobierno ha actuado con tal precisión que desestabiliza a algunos de los más parlanchines.
Los opositores se quejan de que el gobierno no los escucha, sabemos a quiénes representa ese 17 por ciento de la votación, su calidad moral y sus intereses son muy claros.
La derecha carece de militantes, de cuadros, de líderes, de candidatos, de propuestas, de representación. Ante esta realidad no pueden ser más tomados en cuenta que ahora. Tienen voz y hablan y hasta rebasan sus tiempos, pero no les alcanza el voto y nadie les va a regalar un voto aunque les sobren, porque los legisladores no son dueños de su representación, el propietario real es quien votó por ellos.
De ahí su orfandad que reclaman como si fuera mayoría, no lo son. Deben mostrar su existencia y utilizan la violencia verbal en cada discurso en todos los espacios.