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La enfermedad y el sentido de la vida 

La enfermedad y el sentido de la vida 

Columnas viernes 03 de abril de 2020 - 01:08

Como en un particular, una enfermedad es un golpe violento para el cuerpo social. Cuando la pandemia se desata, los cuerpos físicos y sociales, recuerdan su vulnerabilidad. El miedo latente a la muerte cobra realistas matices de terror. El amontonamiento de cuerpos a los que pudo no necesariamente matar el virus, los condenó las carencias del sistema sanitario que hoy día es llevado al límite más sorprendente, casi heroico, que marcará a una generación completa, particularmente esa que se sentía inmune al dolor, no solo por nacer en medio de una relativa estabilidad, sino por haberse abstraído de la crudeza de la realidad, refugiándose en el ciberespacio como estancia de un “yo” fragmentado.
El desgajamiento de la consciencia de la sociedad cibernética, ignorante de los milenarios recursos que las sociedades fueron creando para comprender y digerir la violencia de la peste, no la pasará bien. La filosofía busca entender no solamente los grandes temas que confieren sentido a la existencia, sino también los más pequeños detalles que la constituyen y que, por verlos cotidianamente, pueden invisibilizarse, perdiendo su sentido. Al igual que el sentido de la vida, la salud no se dimensiona hasta que se pierde. El recuerdo de lo que fue, se hace presente con un lastimoso esplendor.
Cuando la tempestad arrecia, las personas piden explicaciones redefinitorias, igual que las sociedades y las épocas. Una pandemia puede herir mortalmente sistemas económicos, políticos y sociales, quizá los tres a la vez. En nuestro contexto sin lugar a dudas todo dependerá de los recursos financieros, personal formado y fortaleza social para lidiar con semejante catástrofe, que se manifiesta no en un cártel o un delincuente miserable que nos han costado cientos de miles de víctimas —puede ser que este vínculo con la muerte descarnada, a los mexicanos nos haya hecho bastante insensibles ante el espectáculo de una muerte violenta—, sino con un virus que puede introducirse en nuestras vías respiratorias, y condenarnos a un proceso burocrático en el hospital donde las carencias de un sistema de por sí golpeado por la austeridad criminal del presidente de la República, condenaría a una espera fatal para acceder a un ventilador que nos garantice la respiración, y por ende, la sobrevivencia. La más cruda expresión de la selección natural en plena postmodernidad chatarra.
Lo cierto es que el sujeto autoexiliado en las redes, recuerda que el físico encerrado también requiere la movilidad en un mundo al que nuestra insensibilidad y consumismo comodino, no valoró lo suficiente. Se nos recuerda la importancia de la vida social y la belleza testimoniada por nuestras enajenadas miradas. Sí, cuando todo puede perderse, reaparece ni más ni menos que el sentido mismo de la existencia.

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/CR

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