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Columnas
Existe en algunos puntos de la historia contemporánea similitudes que unen fuerzas inseparables, sus integrantes suelen no advertir la realidad y esto les impide tener conciencia del lugar que ocupan en su vida diaria, niegan todo menos a sus similares con quienes hacen alianzas sólidas y duraderas.
Personajes como Trump quien, se cree poderoso, sirven de inspiración a algunos como los dueños y directivos de algunos medios convencionales en México, cuya audiencia los abandona poco a poco, de igual manera se sienten identificados algunos partidos políticos, que viven de recodrar sus días de gloria, y que son cada día más débiles pero aseguran que les siguen millones.
La coincidencia es que sus mejores tiempos ya pasaron. Trump, la oposición mexicana y los medios convencionales al no aceptar sus derrotas y aprender de ellas, actúan con la prepotencia del poderoso nostálgico y sólo muestra su fragilidad en el presente, porque al no reconocer su verdadero estado desconocen el resto de la realidad; sin embargo, esto no les impide identificarse entre ellos y trabajar con quienes están en la misma condición, compartiendo ceguera, resentimientos, venganza y miopía.
Las más sólidas coincidencias surgen en frentes comunes siendo los más duraderos los que se forjan en la complicidad, mientras más grave es el delito hay mayor lealtad.
Desde la farsa cotidiana y ante la necesidad de fortalecerse, se asocian, buscan un frente común con un enemigo común. Y una misma ironía: buscar afuera una víctima antes de serlo ellos en su misma trinchera a manos de sus correligionarios.
Trump busca una invasión a tierras extranjeras antes de que estalle en su país una guerra civil. Los medios deben tener listo un nado sincronizado financiado por políticos en decadencia, antes de que la quiebra económica los alcance y los partidos tendrán la necesidad de hablar inevitablemente de pérdida del registro o divisiones en sus militancias. Por eso la sociedad que los encadena con acciones conjuntas contra los que consideran más débiles que ellos.
La violencia verbal se transforma en agresión concreta, es el método a seguir. Juntos pueden arrebatar gobiernos, destruir dignidades y adquirir conciencias. Pueden hacer de la derrota un asalto a la legalidad electoral y, al mismo tiempo, obtener una vitoria para recuperar prestigio, privilegios y poder.
Estos tres perdedores son eslabones de un régimen que no debió nacer y tuvo que morir hace muchos años, pero sobreviven por intereses comunes que en otros tiempos se complementaron. Todos provienen de la derrota de una misma guerra contra el tiempo, que se convierte finalmente en el campo de batalla de los conservadores que luchan a muerte contra la democracia, el pueblo, la historia, la legalidad, la verdad.
Su profunda crisis invita a realizar un golpe de Estado el enemigo a vencer es la democracia.