El Instituto Politécnico Nacional vive momentos críticos desde hace años a causa de una arraigada práctica de corrupción desde los tiempos en que gobernó esa casa de estudios Yoloxóchitl Bustamante Díez, de 2009 a 2012, cercana a la entonces secretaria de Educación, la panista Josefina Vázquez Mota. Quien se embolsó mil millones de pesos para el programa Juntos Podemos que nunca echó a andar.
Ahora la inconformidad involucra a los académicos y empleados administrativos.
En este panorama, personal de las 90 unidades académicas, repartidas en 24 entidades federativas, y de investigación forman un documento para que sean restituidos los recursos públicos defraudados; anulación del contubernio entre el Poli las secciones 60 y 11 del SNTE, vieja y viciada relación de desvíos de fondos; pago inmediato a profesores interinos, entre otras muchas peticiones.
La solución se mueve lentamente y tiene más de dos años en ebullición; debe llamar la atención la falta del alumnado en dichas protestas. Su participación en otras ocasiones eran la caja de resonancia que daba trascendencia a las inconformidades dentro del Poli, ahora la aparente indiferencia de los estudiantes, y el rechazo de los docentes para unir fuerzas obligan a tomar caminos diferentes.
Lo grave del asunto radica en que algunos de los líderes del movimiento consideran que, en este momento, el desprestigio de los jóvenes en las protestas sociales es muy grande, por lo que su incorporación a su lucha sería contraproducente.
El rechazo de catedráticos y trabajadores administrativos que trabajan todos los días con los jóvenes es un síntoma que debe estudiarse desde ambos puntos de vista.
Los diferentes disfraces que le impuso la derecha a los jóvenes con logotipos como marea rosa, Generación Z, y afiliaciones como sociedad civil, porros, bloque negro, ninis, entre otros, han desprestigiado las movilizaciones, con quienes tienen una gran deuda histórica, gobiernos y sociedades mexicanas.
Es decir, hay un intento de desprestigio artificial, que algunos adoptan como reales.
Los jóvenes, los estudiantes auténticos, en México no han ganado una sola batalla social o política en el continente. Todavía son adoptados como carne de cañón en movilizaciones sociales donde si bien no participan realmente, pero la derecha los nombra utilizándolos como garante de credibilidad y honestidad.
El desgaste intencional hacia los jóvenes pareciera una medida preventiva que evite que, en su próximo levantamiento, que podría ser coronado con el triunfo social y político, los seres pensantes de las universidades, porque puedan detener las intentonas de golpe de Estado.
La derecha no protege a los jóvenes ahora, simplemente los exhibe como parte de un proceso de desprestigio, donde intentan de nuevo, imponer la madurez y sus nostalgias ante la juventud y sus esperanzas.
Los jóvenes son un ejército activo de la inconformidad social que entienden, mejor que nadie, sus causas.