Tres décadas marchando desde la izquierda me han dado un buen pulso para distinguir las movilizaciones genuinas. He visto protestas masivas, pequeñas, espontáneas y profundamente organizadas. Pero lo del 15 de noviembre no encaja en ninguna categoría convencional.
No fue la marcha que anunciaba la red, no fue Generación Z, no fue ciudadana, no fue pacífica. Fue, la expresión más clara de la ultraderecha, esa que ya no pretende disimular su verdadero rostro.
La convocatoria se vendió como juvenil, fresca, apartidista. Pero las redes contaron otra historia: amplificación millonaria, influencers opositores, cuentas automatizadas y el respaldo abierto de empresarios y políticos que llevan años empujando la narrativa del colapso nacional. Lo juvenil quedó reducido a un logotipo. Lo demás fue maquinaria conservadora.
Desde temprano se percibía el tono. En el Metro, algunos adultos mayores, incómodos con el transporte público, soltaron consignas sobre “recuperar la ibero-hispanidad” y “volver a ser novo-hispanos”. Otros llegaban desde restaurantes de Reforma o estacionaban camionetas de lujo en calles adyacentes. También asistieron sacerdotes con feligreses que pedían “salvar a México” en nombre de “la santa Virgen María”. Las consignas eran las de siempre: “vida”, “familia”, “libertad”, “narcoestado”, “fuera Morena”.
Hasta ahí, nada sorprendía. Lo que vino después, desconcertó a todos.
Entre el contingente pacífico se movían encapuchados con rodilleras, coderas, cascos y mochilas tácticas. No venían agrupados como en otras marchas, estaban integrados, acuerpados por la propia multitud. Parecían conocerse o por lo menos apoyarse. Cuando la vanguardia de la marcha llegó al Zócalo, comenzaron los ataques. Un grupo de personas ya aguardaba en el lugar e intentaron brincar las vallas. Se les sumaron otros, incluso sin cubrir el rostro. ¿Quién los coordinó? ¿Quién les marcó el momento de avanzar?
No eran los radicales de siempre. Ellos tienen códigos, causas, ideología. Se comunican, se acuerpan, gritan consignas, cambian de ropa en segundos para evitar detenciones, atacan y se repliegan velozmente, cuidan su distancia. En cambio, los del sábado iban solo a la ofensiva, al choque, traían sierras circulares, pinzas, cuerdas, martillos, equipo de protección y máscaras antigás. Cansados se quitaron la capucha, sus rostros curtidos mostraban seriedad, determinacióny comodidad con causar daño frente a todos.
Y lo más revelador: casi todo el contingente conservador celebraba la violencia. Azuzaban a los agresores, les pedían tomar y quemar Palacio Nacional, vitoreaban cada valla caída. Soñaron, por un instante, con un quiebre institucional. Algunos incluso hablaban de atacar a familias de militares: “En la próxima, los jóvenes a Naucalpan, ahí están las familias de los militares, y los papás aquí en Palacio”. Ese nivel de extravío moral los exhibe por completo.
La SSC resistió con disciplina y contuvo la intentona golpista sin generar mártires, ese objetivo que algunos buscaban para victimizar a su movimiento.
Al final, la marcha no fue lo que anunciaron: no fue Z, no fue pacífica, no fue reprimida, no tumbó al gobierno ni llegó a Palacio. Fue un ensayo peligroso de la vieja derecha radical, envuelto en un disfraz juvenil que desapareció apenas treparon la primera valla. Queda la pregunta central: ¿quién está dispuesto a financiar, estimular y legitimar este tipo de movilización violenta bajo la fachada de “indignación juvenil”? Y lo más importante: ¿qué sigue?
ENTRE GITANOS
20N y 25N
La marcha feminista del 25 de noviembre será más difícil de infiltrar: las colectivas se reconocen, saben quién es quién y no aceptan injerencia externa. Su autonomía es su escudo. Si alguien intenta repetir la operación del 15N, no la tendrá fácil.
Ya circula una convocatoria para el 20 de noviembre. No es día inhábil, la logística será complicada y la convocatoria poca. Pero la violencia no descansa, y tampoco quienes buscan provocar un desgaste institucional calculado. Habrá que estar atentos a la ultraderecha que, por fin, encontró una máscara y un pretexto para salir a la calle.
*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com