Una vez más, Donald Trump ha recurrido a su arma favorita: los aranceles como instrumento de presión política. El anuncio de imponer un nuevo arancel del 30% a los productos mexicanos que ingresen a Estados Unidos a partir del 1º de agosto de 2025 confirma lo que ya sabíamos: la política comercial del magnate neoyorquino no responde a razones económicas, sino a sus pulsiones de campaña, sus prejuicios antimexicanos y su deseo de presentar al país como el gran villano de los males estadounidenses.
La justificación, como siempre, es un cóctel de mentiras y distorsiones. Trump alega que México no ha hecho lo suficiente para detener el flujo de drogas ilícitas, ignorando deliberadamente que la mayoría del fentanilo y otras sustancias sintéticas provienen de Asia, ingresan por puertos estadounidenses y son distribuidos por redes criminales internas. También omite que México ha incrementado significativamente los decomisos, las extradiciones y la cooperación bilateral en seguridad.
En el fondo, estos aranceles son un chantaje político disfrazado de medida comercial. No es casual que se anuncien en el marco de su campaña de deportación masiva, justo cuando necesita fortalecer su retórica de "mano dura" y señalar enemigos externos. El daño colateral —agricultores, industriales, consumidores de ambos países— parece importarle poco.
La respuesta del gobierno mexicano debe ser firme, estratégica y mesurada. Ya sabemos que no se trata de replicar el tono beligerante del republicano, sino de usar todos los canales diplomáticos, jurídicos y comerciales a disposición. El T-MEC, que Estados Unidos firmó y ratificó, establece mecanismos de solución de controversias que deben activarse de inmediato. No es aceptable que se vulneren las reglas del libre comercio por caprichos xenofóbicos.
También es momento de diversificar aún más nuestras relaciones económicas. América Latina, Europa, Asia y África deben ser parte activa de una política comercial que reduzca la dependencia del mercado estadounidense. A nivel interno, urge fortalecer las cadenas de valor nacionales, proteger a los sectores productivos y evitar que los costos de esta guerra arancelaria se trasladen al consumidor mexicano.
La amenaza de Trump no es sólo económica. Es un ataque a la dignidad y soberanía de México. Responder con inteligencia y unidad nacional será la mejor forma de demostrar que nuestro país no es rehén de ningún político extranjero, por más poder que tenga o por más escándalo que genere. México no se arrodilla. México negocia, defiende y resiste. Eso pienso yo, usted qué opina. La política es de bronce.
@onelortiz
https://youtu.be/6REoR8jNNBM?si=keaKTDr5Ly_5iLTt