Ante el crecimiento cero que registrará este sexenio, uno de los propósitos que no podrá cumplir la 4T será el combate a la pobreza; así que no aplica el slogan de primero los pobres. Actualmente, 22.7 millones de personas con empleo formal viven en la pobreza, ya que sus ingresos no le permiten adquirir dos canastas básicas, según un estudio de Acción Ciudadana contra la Pobreza con datos del INEGI. Además, al menos 9 de 13 millones de mexicanos que viven del autoempleo, tampoco tienen ingresos suficientes. Hay un pequeño grupo poblacional de poco más de dos millones de empleados que trabaja sin sueldo, generalmente en empresas familiares o en unidades económicas donde solo reciben comisiones o propinas.
Esos 34 millones de connacionales carecen de ingreso laboral suficiente para adquirir dos canastas básicas, de acuerdo con el INEGI, sin considerar los cuatro millones de nuevos pobres que se registran cada año, y quienes pasan de la pobreza a la pobreza extrema.
La magnitud de este fenómeno, según el estudio de Acción Ciudadana, no es normal y está fuera de toda proporción de acuerdo con el tamaño y dinamismo de la economía del país.
Este año, solo 4 millones 863 mil trabajadores registrados en el IMSS gana más de 20 mil pesos mensuales y solo dos millones y medio gana más de 30 mil pesos al mes. Los sectores que tienen más gente con trabajo formal sin salario suficiente son los de la construcción -con el 60 por ciento-, los servicios a empresas, personas y hogares y el primario.
México es la economía 14 del mundo, pero ocupa la posición 84 por su porcentaje de pobreza y su salario promedio; también está entre las naciones más bajas de ingresos medio y alto dentro de los países miembros de la OCDE. Aquí, nueve de cada diez hogares dependen del ingreso por trabajo, los programas asistenciales gubernamentales (las pensiones para los viejitos y las becas para los ninis) solo representan el tres por ciento del ingreso familiar y las remesas el uno por ciento, a pesar de que en el primer trimestre de este año llegaron a los 14 mil millones de dólares, máximo histórico desde 1995. Hay que recordar que los envíos de dinero de los paisanos a sus familias solo favorecen el consumo interno, ya que esas divisas no las genera nuestra economía ni ingresan a las arcas de la hacienda pública. Otra variable que afecta nuestro crecimiento es la tasa de informalidad laboral, la cual ronda el 60 por ciento de la población económicamente activa.
Así que entre los negativos de esta administración está el haberle fallado a los pobres, en virtud de que nunca se contó con una política pública que detonara el desarrollo económico ni se atacaron las causas que generan la pobreza. Los programas sociales, a los que se dio un uso electoral, casi no pintan en el apoyo a las familias más necesitadas, ya que no hay dinero presupuestal que alcance para satisfacer esa demanda; pareciera que la intención era mantener una población pobre cada vez más grande, a la que solo se le ayuda a sobrevivir y estar condenados a la miseria. Las remesas tampoco ayudaron a la reactivación de la economía, incluso ese boom de constante crecimiento está bajo la lupa de las autoridades americanas que sospechan que el crimen organizado lava dinero a través de los envíos de dinero a los bancos mexicanos.
Difícilmente en un año se podrá revertir el decrecimiento cuando no se alienta la inversión privada y se estatiza la economía, por lo que el rescate de los pobres quedará como asignatura pendiente y será un reto mayúsculo para el próximo gobierno, sea quien sea el presidente.