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La política de encuestas

La política de encuestas

Columnas martes 18 de mayo de 2021 - 01:00

José Narro Céspedes

Desde hace tiempo, las elecciones se han convertido en ejercicios de marketing político y de publicidad, donde gana el que utiliza mejor los medios de comunicación, tanto los llamados tradicionales como las “benditas redes sociales” que la era del internet nos puso a la mano.

Se planean los procesos electorales de la misma forma que se planea la inserción de cualquier producto en el mercado. Para ello se elaboran cientos de spots que se transmiten millones de veces con la tesis, de que, a base de repetir el mensaje, lo electores tomarán su decisión. El marketing electoral, ha empobrecido sobremanera la forma de hacer política. Suponen ciudadanos pasivos y dispuestos a absorber mensajes.

Sin embargo, la época de elecciones en los últimos años es el espacio, también de sondeos, encuestas, investigaciones y estudios de opinión que lo mismo pueden servir para reflejar las tendencias, estado de ánimo y percepciones de los electores como para tratar de incidir en la decisión del voto.

Habrá que tomar en cuenta que los procesos electorales mexicanos del siglo XX, en su gran mayoría fueron muy poco competitivos. Pero en los últimos años, a partir de un conjunto de modificaciones, se han vuelto más competitivos, dando lugar, entre otras cosas, a la aparición del fenómeno de la incertidumbre. Al predecir posibles resultados electorales, las encuestas y sondeos de opinión constituyen un medio para reducir esta incertidumbre.

No es ningún secreto que las elecciones en México durante el siglo XX fueron un mero trámite (con excepción de los procesos electorales realizados en 1928, 1940, 1952, 1988 y 2000), ya que, si consideramos los resultados en la mayor parte de los procesos realizados, el PRI (PRN-PRM-PRI) fue el triunfador indiscutible. Es muy probable que esta situación haya inhibido la aparición tanto de una opinión pública más crítica y combativa, así como de otro tipo de fenómenos que acompañan a las elecciones competitivas, como es el caso de las encuestas de opinión.

Por ello se explica, tal vez, que un proceso tan común en las elecciones estadounidenses desde hace tiempo (las encuestas de opinión, el uso de los medios de comunicación masiva y publicidad en los mismos) sólo comenzara a utilizarse en México de manera muy reciente.

A medida que las elecciones se vuelven más competidas y sus resultados se tornan inciertos, los partidos políticos y sus candidatos deben recurrir cada vez más a múltiples herramientas para poder ganar las elecciones, siendo algunos de estos instrumentos las encuestas de opinión y el marketing político y electoral.

Esto no implica que la elección sea más transparente para los electores, como se observó en el último proceso electoral, ya que en el ámbito de la opinión pública y mediante los medios de comunicación masiva se gestó una gran batalla que, mediante las encuestas de opinión, quiso influir y dirigir las intenciones de voto de los electores.

Cada partido, coalición y candidato trae su encuesta bajo el brazo, donde siempre, el portador es el ganador. No hay candidato que pierda en su encuesta. Y la lucha es esa, convencer al ciudadano que la elección ya está definida y que el elector sólo tiene el camino de sumarse a la victoria o desperdiciar su voto.

La encuesta política se ha convertido en la herramienta de propaganda más poderosa con que cuentan los actores que buscan el voto. Para algunos sectores de la población, las encuestas funcionan como un referente, una segunda opinión, una validación y un instrumento de influencia que en tiempos predominantemente digitales resulta muy determinante.

Las encuestas, se han convertido en una herramienta de persuasión y no reflejan las tendencias y el estado de ánimo y percepciones del electorado. El que logra posicionar en el electorado que su encuesta es la verdadera, es quien ganará (se piensa) la elección, para eso juega el prestigio de la casa encuestadora, es un asunto de quien vende mejor su producto. Ahí el papel de la distribución en redes, en medios de comunicación y en el ambiente político.

La verdad poco importa quien no roba, no miente o no traiciona al pueblo, se trata de hacer que el nombre se posicione con la reiteración de imagen y frases fuerza (slogans), para muchos hay que entrar en la lógica del mercado, de lo que se consume en el internet y las redes sociales. La política, la contrastación de ideas, la capacidad de solucionar problemas desaparece ante las virtudes desarrolladas por el marketing y la publicidad, eso empobrece el actuar político, porque, para muchos, es el espacio de la ocurrencia de tik tok.

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